Invertir o no en Adama, esa es la cuestión

El futbolista español, estrella en los Wolves, debe ser clave en el conjunto nacional

Ser diferente, en muchas ocasiones, es una virtud. A pesar de que la opinión general sea la contraria, que algo o alguien se salga de la tangente es una capacidad positiva. En el mundo del fútbol, más de lo mismo. En el paradigma de la rigidez táctica y la falta de especialistas, que aparezcan jugadores que sean un verso libre es una bendición. Entre esa clase privilegiada de futbolistas se encuentra Adama Traoré. El futbolista nacido en L’Hospitalet ha debutado en este parón de selecciones con España y ha demostrado su valía y potencial dentro del combinado nacional.

Además, dentro de ese grupo de jugadores especiales, el de los Wolves todavía tiene virtudes que le hacen ser más particular incluso. A primera vista se aprecia claramente que el internacional español posee un físico sobrehumano, algo que se escapa de toda lógica. Mezcla una fuerza poderosa con una velocidad frenética que lo convierten en un atleta casi imparable. Asimismo, a esto se le suma una facilidad para el arte del regate a la altura de muy pocos. No es el clásico regateador fino y elegante, pero por potencia y técnica siempre logra dejar a los rivales por el camino. Cuando se gira y arranca, es imposible detenerlo sin hacerle falta. Una fuente de desequilibrio constante. El año pasado completó 4,9 regates por partido, líder de este ranking en la Premier League y tercero entre las cinco grandes ligas tras Neymar Jr. y Leo Messi.

A pesar de las ventajas que presenta para sus equipos, todavía es un futbolista muy desordenado. En el Molineux ha dado un paso al frente en ese sentido con respecto a lo que mostró en el Aston Villa y el Middlesbrough. Sin embargo, aún es un jugador bastante imperfecto en la toma de decisiones y comprensión de juego. Ese verso libre que muchos equipos necesitan para desatascar el juego llevado a su máxima expresión. Él arranca, dribla a un par de defensores, llega a línea de fondo y pone un centro. Sin mirar más allá. Sin esperar a sus compañeros.

En el contexto que le presenta Nuno Espírito Santo en los Wolves el encaje es más sencillo. El planteamiento del equipo más portugués de Inglaterra defendiendo en un bloque bajo le plantea a sus delanteros atacar a muchos metros de la portería contraria, con grandes espacios a la espalda de la defensa rival. Esas largas distancias son una bendición para Adama, que ve cómo puede potenciar su velocidad y fortaleza física retando a carreras a campo abierto a los defensas que se encuentra.

Ya sea partiendo de extremo diestro o de carrilero, el técnico luso siempre busca el escenario idóneo para que el español realice trayectos largos y con mucho terreno. Además, con Raúl Jiménez como delantero centro se simplifica mucho el juego. El ariete mexicano se entiende a la perfección con sus compañeros y dentro del área necesita muy poco para hacer sangre en el rival. Mientras que Adama abre una herida en la defensa rival, Raúl Jiménez hace que esta se desangre.

Adama Traoré y Raúl Jiménez forman una sociedad perfecta. WOLVERHAMPTON

En cambio, el entorno de la selección nacional es muy distinto al que tiene dentro de su equipo. Con Luis Enrique el plan de juego es bastante más vertical que el propuesto por España durante su época dorada. Al final, el seleccionador asturiano sigue la hoja de ruta que enseñó con el Celta de Vigo y el Barcelona. Pero continúa siendo una línea propositiva de juego.

En este periodo de selecciones se ha mostrado un gran revuelo por el debut de Adama Traoré con ‘La Roja’. Y es que ha sido de lo mejor en estos tres encuentros del equipo ibérico. Las sensaciones no son muy positivas y contar con un jugador que produce tanto con muy poco es esperanzador.

No obstante, la forma en la que España puede aprovechar el potencial del futbolista de los Wolves podría ser como desatascador. Las eliminaciones recientes frente a Italia en la EURO 2016 y contra Rusia en el Mundial 2018 siguen un patrón similar. Los jugadores se comienzan a atascar y el juego empieza a convertirse en un monólogo de pases horizontales sin generar apenas peligro. Una posesión elevada e inerte que acaba siendo más un problema que una solución.  Contar con el desequilibrio exterior que forma el jugador con ascendencia maliense significa una bocanada de aire fresco que le aporta algo diferente al combinado español. Su encaje podría servir más como recurso que como una idea inicial dentro del sistema de ‘Lucho’.

Adama en su debut con España. RFEF

Partir con Adama en la propuesta principal condiciona en exceso al resto del equipo. Su juego no está sujeto a tácticas. Es un futbolista caótico que, dentro del plan de orden que busca ‘La Roja’, puede acabar desmontando esa armonía. No obstante, contar con él significa romper los partidos que han venido entorpeciendo el fútbol que busca practicar España. Ante un gran entramado defensivo, él siempre va a encontrar la llave para abrirlo constantemente.

Invertir o no en Adama, esa es la cuestión. Su valor es una bendición para todos los que tengan el placer de contar con él. Tiene unas cualidades innatas que le hacen ser un futbolista especial; la potencia y el desequilibrio necesarios para encontrar grietas donde no las hay. Sin embargo, las formas de aprovechar ese don cambian en exceso el discurso. Aporta desorganización tanto para el rival como para su propio equipo. Tal vez, saber cómo aprovechar este diamante en bruto (nunca mejor dicho) puede ser una de las claves para el futuro futbolístico de su país.

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