Otra vez Salah

Ha formado parte del mejor grupo de rock y brillado como solista cuando sus compañeros no han estado a la altura. Ganar el Balón de Oro sería la guinda del pastel. El reconocimiento que le falta

Otra vez. Otra vez Mohamed Salah. Eso es lo que pensamos cuando cada lunes vamos a repasar los resultados del fin de semana y vemos que el Liverpool ha vuelto a ganar. Una rutina que empezó en el verano de 2017 y a la que nos ha malacostumbrado. Viviendo en el día de la marmota donde es dueño y señor de Anfield, mientras pasa por debajo del radar. Tal vez por su actitud sosegada y muy poco polémica, pero es una de las injusticias más recientes del mundo del fútbol.

En sus inicios fue uno de tantos casos de cesiones interminables del Chelsea. Durante esos años pudo visitar Italia, más concretamente Florencia y Roma. En esa época de crecimiento se le atisbaban cualidades innatas, pero que le focalizaban a una única función: el desborde. Era rápido, rapidísimo, pero sus cifras no reflejaban el volumen ofensivo que nacía de sus botas. Hasta que decidió emigrar a las islas británicas, acercarse a un entrenador alemán y generar una asociación de éxito junto a un brasileño y un senegalés. Ahí cambió su carrera.

Desde que puso el primer pie en el John Lennon Airport de Liverpool ha estado codeándose con las más altas figuras del deporte rey. Ni los más optimistas lo habrían podido vislumbrar.

Tuvo un inicio meteórico. Tanto es así que batió el récord de goles en una temporada en Premier League en el siglo XXI. 32 tantos, casi nada. Ni Cristiano Ronaldo, ni Thierry Henry, ni Luis Suárez. Un año excepcional sin lugar a duda. Pero tocaba mantenerlo en el tiempo. Podía ser una estrella o una estrella fugaz. Un ‘one season wonder’ como otros tantos o dejar su huella en la historia del fútbol inglés.

Salah durante la temporada 2017-2018. GETTY

Las temporadas seguían sucediéndose y la ciudad de Liverpool era una fiesta. Tan solo el Manchester City parecía poder aguársela. Y no han sido tantas las veces. Lejos quedaban los resbalones y las caras largas entre el mal tiempo británico. La gente rebosaba en ‘The Kop’, en los bafles retumbaba The Beatles y Mohamed Salah se había convertido en el faraón de Anfield. Así logró su segunda bota de oro en la Premier, compartida con su compañero en ataque Sadio Mané y con Pierre Emerick Aubameyang. Dos de dos.

Pero no fue en Liverpool, sino en Madrid donde el proyecto de verdad alcanzó la gloria de nuevo. Un primer tachón en la lista de cosas pendientes: volver a tocar metal. Solo quedaba una tarea pendiente. Tal vez la más dolorosa. Esa que tantas malas postales ha dejado en la memoria de los ‘Reds’: ganar la Premier League.

Mohamed Salah tras ganar la Champions League. LIVERPOOL FC

Y tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompió. En el verano de 2020, en mitad de una pandemia mundial, rompieron la maldición de 30 años sin ganar una liga. Pero las portadas no eran para Mohamed Salah. El público se había olvidado del egipcio. O puede ser que hubieran connaturalizado su rendimiento inverosímil. Sea como fuere, ese primer año de explosión había opacado la constante en la que vivía. Incluso se dudó sobre quién era el mejor del tridente. Mientras que él seguía siendo el mismo, tan solo había subido el nivel de su entorno.

Llegaron caras nuevas al vestuario en 2020: Thiago, con la vitola de ser campeón de la Champions y uno de los mejores centrocampistas del continente, y Diogo Jota. Dos perfiles que iban a darle profundidad de plantilla y versatilidad al vestuario. La cúspide de la perfección, la mejoría de algo inmejorable. Con ellos, la apisonadora de Klopp parecía que no iba a cesar. Sin embargo, todo cambió con la lesión de Virgil Van Dijk. El castillo de naipes se derrumbó y todos destaparon sus carencias. Ni los centrales eran tan fiables como parecían, ni Alisson tan imbatible, ni los atacantes parecían fluir sin su salida de balón. Todos se quedaron por el camino, excepto uno.

Lejos del Muro de Breda hace mucho frío, no para el faraón de Anfield. Otra vez se echaba el equipo a la espalda, como había hecho siempre, pero sin los acompañantes de siempre. En vez de formar parte del mejor grupo de rock, era un solista que levantaba a la grada. Pero los focos tampoco le enfocaban. El Liverpool estaba en el punto de mira y nadie se fijaba en su ala derecha. Esa que, aunque torpedeara el vuelo, le mantenía en pie. Tal fue la caída que el objetivo final se alejó del inicial, pero se alcanzó. Gracias a los 22 goles y las cinco asistencias de Salah. Clasificados para la Champions, tocaba arrancar esa página del cuaderno y poner la vista en la temporada siguiente. Una en la que se asumía complicado tener éxitos.

Mientras Klopp y su gente caían en picado, Manchester City y Chelsea habían dejado el listón muy alto. Además, su verano parecía alejarlos del resto de mortales. O eso pensábamos. Porque esta temporada el Liverpool ha decidido que la lucha por el título va a ser de tres. Con todos los efectivos disponibles y el egipcio liderándolos, se ha colado en las quinielas al campeonato de la Premier League. Sin grandes cambios ni desembolsos multimillonarios recientes. Confiando en los de siempre y otorgándole el bastón de mandos al mejor jugador de la Premier League. Como mínimo, estos últimos cuatro años.

Muchos son los que piden el Balón de Oro par el egipcio. LIVERPOOL FC

Porque no es descabellado decirlo ni pensarlo. Su equipo ha podido ser mejor o peor, le ha dado igual. Comenzó en el más puro rock and roll y se salió. Cuando llegaron tiempos de bonanzas él estuvo ahí, aunque nadie se diera cuenta. Se hundía el barco y, como buen capitán, supo sacarlo a flote. Siempre ha sido el mismo. Y ahora está demostrando lo que ya sabíamos, solo tenían que decírnoslo.

Hablar de premios siempre es complicado. Dependen de ellos una multitud de factores, entre ellas una imposible de medir: la subjetividad. Lo que no deja lugar a dudas es que Salah debe entrar en esos debates. Comer en la mesa de Cristiano Ronaldo y Leo Messi ha sido algo imposible durante muchos años. Pero, ahora que con la edad han invitado a nuevos huéspedes a sus comidas, quién sabe si el egipcio puede optar a alguna distinción. Sería la guinda del pastel. El reconocimiento que le falta.

Yo te conozco

De Mar del Plata a Birmingham. De promesa a confirmación. De ‘eterno suplente’ a héroe. Este ha sido el camino de Emi Martinez

Emiliano ‘Dibu’ Martínez ha firmado una Copa América de ensueño y ha sido clave en la obtención del trofeo para la selección argentina. Sin ir más lejos, cuatro vallas invictas en seis partidos (incluida la final) y cuatro penales atajados (tres en las semis ante Colombia), son números brutales. Esto también le ha valido ser electo como mejor arquero del certamen, algo que venía de logar en la pasada temporada de la Premier League. El nombre de Martínez comenzó a sonar con fuerza a mediados del año pasado, cuando se adueñó del arco del Arsenal, se reconoció con su monumental campaña en el Aston Villa y se terminó de consolidar tras la competencia continental. Este artículo viene a contar ese proceso, pero con un giro: desde la mirada de un hincha.

La infancia de Martínez fue como la de muchos niños que sueñan llegar lejos gracias al fútbol y darle un sustento a su familia. De orígenes humildes, su personalidad comenzó a forjarse al ver los sacrificios diarios que hacía su familia para llevar comida a la mesa. Con tan solo 12 años, ‘Dibu’ emprendería un viaje con rumbo a Capital Federal para formarse en las divisiones inferiores de Independiente. Acá comienza otro sacrificio y otra lucha: la suya. Un adolescente persiguiendo su sueño en una ciudad nueva y lejos de su familia, pero con la mente puesta en hacer valer la oportunidad y crecer como futbolista. Martínez fue un habitué de las categorías inferiores de la selección argentina y eso atrajo el interés del Arsenal.

Tras una prueba exitosa en el club de Londres, Martínez decidió aceptar el ofrecimiento y mudarse a Inglaterra para formar parte de los ‘Gunners’ con tan solo 17 años. Su mentor, Pepe Santoro, le recordó la importancia de aprovechar su chance. «Él tenía muchas dudas porque se iba a un país distinto, sabía que era una gran oportunidad. Yo durante esos días le decía que el tren muchas veces pasa una sola vez y no se repite».

Emiliano Martínez en una gira con el Arsenal. ARSENAL FC

Así comenzó un camino que lo vería pasar por Oxford United, Sheffield Wednesday, Rotherham, Wolverhampton, Getafe y Reading . Seis equipos en 10 años, hasta que le llegó su oportunidad en la 2019-2020; primero como suplente de Bernd Leno y luego, tras la lesión del alemán frente a Brighton, como arquero titular. En ese tramo final de una temporada ya convulsionada por el Covid, Martínez lograría afirmar la defensa de los dirigidos por Arteta, consiguiendo tres vallas invictas en nueve partidos de Premier League y obteniendo la FA Cup y la Community Shield. Esto, lamentablemente, no bastó para asegurarle el puesto en Arsenal y en el pasado verano, Aston Villa desembolsó 17,4 millones de libras para hacerse con sus servicios. Desde entonces, la historia es conocida: mejor arquero de la temporada en Premier League y mejor arquero (y campeón) con Argentina de la Copa América.

Etapa en el Arsenal

Acá es donde dejo todo atisbo de opinión objetiva, pues seguí con especial interés cada partido que ‘Dibu’ disputó con la camiseta ‘Gunner’. Tan solo el tercer argentino en la historia en jugar en el club, Arsene Wenger asegurando que sería el arquero titular del futuro y Martínez cumpliendo con sólidas actuaciones cada vez que veía minutos de juego. Razones no faltaban. De todos modos, como verán, esa confianza ciega por todo lo mencionado previamente no es de termo porque las pruebas están a la vista y siempre lo estuvieron. Solo que ahora, el mundo por fin puede apreciarlo.

Como bien se sabe, Martínez siempre tuvo que correr desde atrás y pelear por un lugar en el arco del Arsenal: Szcezcny, Fabianski, Almunia, Manonne, Ospina, Cech y Leno. Todos nombres que si no estaban en el club, se sumaron para ocupar el buzo del ‘1’ con mayor o menor éxito en sus 10 años en Londres. En todo ese tiempo acumuló 38 partidos contando todas las competencias (‘Dibu’ alcanzó la misma cifra en tan solo una temporada con el Aston Villa). ¿Quieren más datos para ver la dimensión de su temporada pasada? Previo al comienzo de la temporada 20-21 tan solo había disputado 15 partidos de Premier League con la camiseta de los ‘Gunners’. Una auténtica reivindicación.

Arsene Wenger sobre Emi Martinez en 2014.

Una de las claves del éxito de Emi en su estancia en Inglaterra yace en su capacidad de adaptación. Comentan sus ojeadores que desde el primer minuto se mostró dispuesto a aprender sobre la cultura inglesa y a integrarse al grupo. Otras de las virtudes que demuestran la fortaleza y temple de Emi es su deseo de hacerse valer siempre y de privilegiar su aprendizaje. De asumir la responsabilidad que implica ser el arquero titular en un equipo. Así lo recordó José Gómez, técnico del Reading tras el paso de ‘Dibu’ por los ‘Royals’.

Hablando de Reading, fue justamente un enfrentamiento ante los ‘Royals’ por League Cup, uno de los primeros pasos de Martínez en el Arsenal. El partido fue uno para el recuerdo, que finalizó con un 7-5 a favor de los del norte de Londres en tiempo suplementario. Pasarían dos años para que Emi tuviera una nueva oportunidad en el arco tras las lesiones de Ospina y Szcezny. ¿El rival? Manchester United. Meses después el debut en Champions League ante Anderlecht, para luego conseguir su primera y única (hasta ahora) valla invicta en la competencia. En aquella ocasión, fue triunfo 2-0 ante el Borussia Dortmund. Para 2017 sumaba tan solo cuatro partidos en Premier de los cuales, tres fueron con el arco a 0. En una palabra, sólido.

La cesión al Reading sería uno de los puntos de inflexión en su carrera. Tras volver, Martínez le comunicó a Unai Emery que estaba decidido a pelear por el puesto o irse. Ante el retiro de Cech, la oportunidad de contar con más minutos era una realidad. Segundo arquero por detrás de Leno y con la posibilidad de mostrarse en las copas. La gran oportunidad llegaría, lamentablemente, tras una fuerte lesión sufrida por el portero alemán. Estas son cosas que también tiene el fútbol. Un caso más de un jugador que termina de demostrar sus habilidades a raíz de una lesión de un compañero. Lo importante pasa por ser capaz de estar a la altura de los acontecimientos. Emi Martinez lo estuvo.

‘Dibu’ Martinez en un partido de Premier League. ARSENAL FC

Aston Villa y confirmación

La temporada 20-21 está aún fresca en la memoria y las actuaciones de Emi Martínez son bien conocidas, así como también las consideraciones que recibió al respecto. Acá unos datos sobre la temporada de ‘Dibu’ en los villanos: 15 porterías a cero (tercero en la competición), 142 paradas (tercero), 42 despejes (primero).

Como se puede apreciar, quedó solo por detrás de los porteros del City y del Chelsea (dos de las mejores defensas del mundo) en arcos a cero. Por otro lado, tuvo salvadas al nivel de dos porteros de equipos que terminaron descendiendo, los cuales siempre son exigidos más. La diferencia está en que Martínez fue vital para asegurar el resurgimiento de los villanos.

Previo a su desembarco en Birmingham, el Aston Villa había contratado arqueros en cinco mercados de pases previos. Martínez había pasado por seis equipos en 10 años antes de tener su oportunidad en el Arsenal. Resumiendo, se puede decir que eran el uno para el otro. Por esas cosas del destino, ‘Dibu’ necesitaba tanto al Villa como el Villa a ‘Dibu’. Todo en pos de la consolidación de ambos.

Dibu Martinez recibe el premio a mejor jugador del año por el ‘Supporters Club’. ASTON VILLA

Particularmente siempre seguí al Emi. Estaba orgulloso de tener un compatriota que defendiera los colores del equipo que amo desde pequeño a la distancia y que se mostrara tan maduro cada vez que le tocaba salir a la cancha. La estima que le tenía Wenger sin dudas influía en mi confianza sobre ‘Dibu’, pero era certificada porque nunca desentonaba. Verlo atajar regularmente sobre el tramo final de la 19-20 tras la pandemia, solo demostraba lo que yo orgullosamente ya sabía: estaba para cosas grandes. Se lo dije a mis amigos y les hablé del potencial de ‘Dibu’. Su seguridad para despejar centros, su capacidad de iniciar el juego desde abajo, sus reflejos y potencia bajo los tres palos no eran extraños para mi. Esto no es para hacer gala de una reflexión personal y quitarle el foco a lo importante. Esto es una muestra de felicidad por un compatriota al que tuve la suerte de ver (aunque pocas veces) desarrollarse profesionalmente y dar un paso al frente cuando era necesario. Si bien me duele verlo lejos del Arsenal, me hace inmensamente feliz ver lo que ha conseguido y conseguirá en un futuro no muy lejano.

Siguiente pantalla

Mason Mount está quemando etapas como si de pantallas de un videojuego se tratara, demostrando ser el mejor jugador del Chelsea

Hoy en día es casi imposible dejar que un futbolista crezca y se desarrolle a su ritmo. No todos deben ser Haalands ni Mbappés que, siendo churumbeles, la rompen en cualquier escenario. En ocasiones olvidamos las edades y etapas de ciertos, exigiéndoles un compás de crecimiento irreal. Existen unas fases de desarrollo personal y futbolístico para alcanzar una madurez que les otorgue el clímax de su carrera. En esa línea argumental, Mason Mount está superando estos ciclos como si pasase pantallas de un videojuego. Evidenciando un talento y una personalidad que le elevará el techo hasta donde él quiera llegar.

El primer nivel se lo encontró en la cantera del Chelsea. Nacido en la ciudad costera de Portsmouth pasó rápidamente a disciplina ‘Blue’ en 2005. Aquel curso de fantasía donde, de la mano de José Mourinho, alcanzaron los 91 puntos. En sus años como filial del Bridge se erigió como uno de los más destacados, debutando en el equipo sub-18 cuando todavía era un sub-15. Además, fue campeón y MVP del europeo sub-19 de 2017. Una etapa de formación sobresaliente que le permitió dar unos primeros pasos astronómicos en su carrera.

Tras este periodo, comenzaba el más difícil en la constitución de un futbolista. Más aún si formas parte del organigrama del Chelsea. En el Bridge entras en la red de cesiones eternas, sin rumbo fijo, que deben ser complicadas de llevar. Un sinfín de vaivenes en un jugador que apenas está comenzando su andadura profesional puede costarle caro a nivel mental. Primero fue a Holanda en el verano de 2017, concretamente al Vitesse. De la mano de Henk Fraser primero y después de Edward Sturing fue un año de trivialidad a nivel colectivo. Un sexto puesto en Eredivisie y una caída en fase de grupos de Europa League. Sin embargo, en los Países Bajos completó una temporada de gran crecimiento individual, logrando dobles dígitos de goles y asistencias. Un paso fructífero en su carrera que no le valió la confianza de Maurizio Sarri.

Mason Mount durante su etapa en el Vitesse. GETTY IMAGES

Parecía entrar de lleno en la dinámica trotamundos de los filiales del Chelsea cuando aterrizó en el Pride Park Stadium, en la ciudad de Derby. Sin embargo, allí conoció a su principal valedor: Frank Lampard. Un paso que cambió el rumbo de su carrera. Juntos llegaron a los play-offs de ascenso y cayeron en la final ante el Aston Villa. No obstante, ya dejó constancia de su potencial en las islas, demostrando que merecía un lugar en la máxima élite inglesa. Y lo consiguió en el equipo de su vida, además, de la mano de su padrino futbolístico. Propiciado por la imposibilidad de fichar, pero se hizo justicia con los nómadas que viajaban bajo la insignia del Bridge. Otra pantalla superada.

En este juego sucesivo de crecimiento, el siguiente nivel estaba hecho para futbolistas de una dimensión cuantiosa. Ante un panorama desolado en el Chelsea, se cedió el testigo a los jóvenes. Una responsabilidad que merecía una muestra de carácter y coraje más que de talento. Fue el primer gran escaparate de Mason Mount y compañía ante los grandes focos mediáticos. Y no decepcionaron. El proyecto se sostuvo con un cuarto puesto en Premier League, un subcampeonato en FA Cup y los octavos de final de la Champions League. Pero, a nivel individual, el joven de Portsmouth demostró todavía más, liderando a un grupo de adolescentes que querían comerse el mundo. No mostró ni un ligero atisbo de empequeñecimiento ante ese gran escenario.

Y con esto llegó el verano de 2020. Parecía que dentro de la nueva normalidad el joven inglés iba a encontrar un ápice de calma. Sin embargo, a revueltas de mascarillas, gel hidroalcohólico y una grave crisis financiera, el Chelsea rompió el mercado con la contratación de Havertz, Werner, Ziyech, Ben Chilwell, Edouard Mendy y Thiago Silva. Mandando un claro mensaje de desconfianza a sus nómadas, que se habían convertido en sedentarios ante una situación de necesidad. A pesar del renombre que tienen estos fichajes, Mason Mount inició la negativa de dar el brazo a torcer. Con Frank Lampard en el banquillo tenía la oportunidad de redimirse ante el trato recibido. Y lo hizo. Con el inglés primero y ahora con Thomas Tuchel. Surgieron problemas de adaptación en muchos de los nuevos y el canterano sofocó todos los fuegos abiertos en Stamford Bridge.

Mason Mount y Reece James celebrando el gol de la victoria ante el Liverpool. GOAL

En un año tan convulso está siendo el mejor futbolista de los ‘Blues’ y prácticamente se le había descartado de los planes. Ahora ha apaciguado los problemas que tenían en la Premier League y se ha marcado su próximo objetivo. Ha superado los cuartos de final de la Champions League exhibiendo talento y personalidad contra el Porto. Ni la competición del miedo consigue sacar una mueca de incertidumbre en el rostro de Mount. Con una imagen de niño bueno, algo pillo pero sin maldad alguna, se oculta un competidor nato. Un futbolista que acaba de nacer al mundo y evidencia esa mentira piadosa de «donde no llega tu calidad llegan tus huevos» que acuñó Carles Puyol, pero que todos los futboleros hemos recitado alguna vez. Porque el carácter es casi más importante que las aptitudes meramente naturales de un jugador, pero la una sin la otra se quedan cojas. Y ambas están encarnadas en el genio del Bridge.

No le han parado de poner piedras en el camino a Mason Mount. Y las ha roto todas. Cesiones que parecían ser su destino final, pruebas de fuego en su primer año en la Premier y un abandono cuando se había convertido en el jerarca del equipo. Unas pruebas que solo han evidenciado y fortificado su identidad. Ahora le toca afrontar las semifinales de Copa de Europa, su siguiente pantalla. Además de la Euro con Inglaterra. Grandes citas hechas a su corte y confección. Un traje diseñado para las grandes citas.

El fantasma de las navidades pasadas

El galés ha llegado justo para subir de estamento al Tottenham recordando sus grandes momentos

La carrera de Gareth Bale es meritoria de un análisis a través de un prisma distinto al del resto de futbolistas. El galés cada mañana mirará las estanterías de su casa y verá cuatro Champions Leagues, cuatro Mundiales de clubes, dos ligas españolas y varias supercopas y copas, nacionales e internacionales. Una cantidad de metal que deslumbra a la gran mayoría de futbolistas en la faz de la tierra. Una vida ‘dedicada’ al fútbol que, de no ser por su actitud, debería ser recordada e histórica. Sin embargo, sus polémicas extradeportivas, junto a la desidia que ha exhibido sobre el verde en los últimos años, han oscurecido el brillo de todo lo que ha conseguido.

Este verano decidió dar el paso que podía encauzar sus años finales hacia una desembocadura alejada de las aguas bravas. Volver a la que fue su casa, donde nació al foco mediático del deporte rey, parecía ser el ecosistema ideal para encontrarse a sí mismo. Durante el otoño y el invierno, el frío londinense congeló el anhelo por renacer del galés. Pero ahora que se acerca la primavera y los colores empiezan a apoderarse de los prados, él está buscando su propio florecer. Como si el fantasma de las navidades pasadas se le hubiera mostrado durante las vacaciones de enero.

En la novela de Charles Dickens, un espectro se muestra ante el avaro Ebenezer Scrooge con el fin de que cambiara su actitud. Para llevar esta tarea a cabo le muestra diversas imágenes de su pasado, para evidenciar que sus comportamientos deben cambiar. Una historia que se nos viene a la cabeza cuando hablamos del de Cardiff y su crecimiento repentino. Postales y recuerdos mágicos grabados en su retina. Esto le ha llevado de ser una pieza anodina para José Mourinho, que ni siquiera contaba como revulsivo, a ser la pieza determinante del Tottenham con cuatro goles y tres asistencias en apenas diez días. Un giro de los acontecimientos imprevisible y, a su vez, imprescindible.

Los ‘Spurs’, comandados por Kane y Son, comenzaron la temporada a un nivel superlativo. Con un carácter explosivo al atacar los espacios se situaron por un tiempo en lo más alto de la clasificación. Un lugar que, a priori, era una simple utopía. Aún siendo un equipo redondo, era quimérico sostener ese nivel de regularidad y competitividad a lo largo de 38 jornadas. Los más ilusos, presos por la necesidad de vivir historias diferentes, imaginamos una narrativa distinta a la actual. Pero los últimos campeones de la Premier League han sido Liverpool y Manchester City, batiendo todos los récords habidos y por haber, con 100, 98 y 99 puntos. Cotas de puntuación ilógicas y que caerán más pronto que tarde, pero que dejan un listón solo al alcance de los dos proyectos dominantes en Inglaterra. Con el paso de los fines de semana llegó la niebla a la capital inglesa para llevarse cualquier atisbo de esperanza.

Los ‘Sky Blues’ han vuelto a su velocidad de crucero que imposibilita todo tipo de competencia. Pero, más allá de ese crecimiento, la caída del Tottenham ha sido mayúscula. Ha pasado de soñar con tocar metal después de trece años a rogar un boleto para cualquier competición europea. Hasta la Conference League suena a objetivo hoy en día. Al final, cuesta mantener el galardón a la regularidad que le otorgó Mauricio Pochettino al club. Pero el argentino se fue y con él la consistencia.

Bale ha vuelto a casa para hacer grandes a los ‘Spurs’. GETTY IMAGES

En el lugar de su antiguo técnico, ahora cuentan con Gareth Bale como emblema de grandeza. Ideas y conceptos que difieren de forma quirúrgica entre argentino y galés. Uno garantizaba la estabilidad del día a día, de cada fin de semana. Lo dotaba de esa cualidad tan compleja que hace a un equipo bueno. Mientras que el otro se aleja de ese partido a partido, como bien diría el Cholo Simeone, para proporcionar un halo de grandeza. Dos caminos distintos que llevan a paraderos opuestos. Se alabó a ‘Poche’ por su gran virtud, pero le castigó no tocar metal. Eso mismo que el de Cardiff lleva en su ADN.

No será el mejor jugador en nómina para los ‘Spurs’, pero responde las dudas de majestuosidad que nublan la realidad ‘Lyliwhite’. No hay un futbolista en todas las islas que haya tenido más noches grandes en el viejo continente. Esas de martes o miércoles que separan a los futbolistas buenos de los históricos. Infinidad de jugadores han quedado en el camino de la derrota por intentar lograr lo que un día fue rutina de Gareth Bale. Lejos quedan esas lunas, pero la aureola mística no se pierde. Es una cualidad abstracta que va con el individuo.

El galés ha vuelto a encontrar la forma. TOTTENHAM HOTSPUR

Es por ello que ahora, en el momento de la verdad, lo mejor que le ha podido pasar a Mourinho es activar al jugador en propiedad del Real Madrid. En otros meses sería de menor relevancia, pero él florece, como los árboles, en primavera. Estando vivos en Europa League y con la necesidad de escalar puestos en Premier, computar con un peso como el de Cardiff hace que la moneda caiga cara cuando todavía está en el aire. Ahora el club se encuentra más cerca del sueño de vincular un trofeo al gallo que luce el Tottenham Hotspur Stadium.

Tal vez la historia hace que con Gareth Bale sea mejor saber dónde se pisa. También se puede narrar desde la perspectiva opuesta. Intermitente y determinante a partes iguales. Pero lo único imborrable son sus postales gloriosas a raudales. Momentos que necesita el Tottenham para demostrar que pertenece al selecto club de la más alta aristocracia inglesa. Un asiento que acomoda su propio Ebenezer Scrooge tras la visita del fantasma de las navidades pasadas. La llegada del verano nos relatará el desenlace de esta novela.

Olivier Giroud y la simplicidad del fútbol de la calle

El delantero francés, eterno incomprendido, se reivindica día tras día para cerrar la boca de todos aquellos que le dan por muerto

A veces complicamos el fútbol en exceso. Este es simple y, en ocasiones, sus campos se asemejan a los patios de la escuela. Aquellos tiempos en que los más habilidosos eran delanteros y los menos técnicos se encomendaban al oficio defensivo o, directamente, a la portería.

En todo equipo había un jugador diferente, el que todos querían a su lado. Ese no era el típico regateador que marcaba diferencias a nivel individual, era el compañero que realmente comprende el juego y que, con un mínimo de esfuerzo, conseguía hacer que sus amigos se creyesen comparables al Messi, Ronaldinho o Maradonna de turno.

Precisamente ese tipo de jugador es Olivier Giroud. Mientras los regateadores y los desequilibrantes se llevan los focos, el bueno de Olivier marca la pauta. Un futbolista que puede que, físicamente, no disponga de aptitudes para ser diferencial, pero que comprende el juego como nadie y sobresale para callar las bocas de todos sus detractores.

Antes de llegar a Inglaterra, Giroud ganó la liga francesa con el Montpellier siendo el máximo goleador. MONTPELLIER FC

Un ‘tronco’ con mucha calidad

Siempre habrá quien le llame «tronco», «oportunista» o «malo» sin ningún tipo de eufemismo. Gente incapaz de apartar los ojos del escenario para tratar de entender el trabajo que se esconde detrás del telón. No obstante, el fútbol también acaba poniendo a cada uno en su lugar.

Y es que es cierto que Giroud marca pocos goles (de ahí la mayoría de críticas que recibe), pero cuando lo hace demuestra toda su calidad. La chilena con la que decantó el partido ida contra el Atlético de Madrid no es más que una tantas obras de arte firmadas por Olivier. Cómo olvidar aquel gol que anotó contra el Crystal Palace en 2017, tanto que fue galardonado con el premio Puskas de mejor gol de la temporada.

Aunque cuando le veamos nuestros prejuicios nos retrotraigan a un rematador puro que carga el área a base de testarazos, la realidad es que el delantero del Chelsea representa todo lo contrario. Lejos de ser un nueve clásico, Giroud es uno de esos delanteros que necesitan estar en contacto con la pelota continuamente. Su infinita calidad hace que se aburra alejado del juego, lo que le lleva a apartarse de la zona de remate para bajar a buscar el balón. Como buen telonero, el francés se ennegrece para potenciar el brillo de sus compañeros.

Un monte inexpugnable para Giroud

Aún así, no todo es bonito en el ex de Montpellier. Su falta de gol y su ansia de balón le comportan una serie de críticas, que no siempre son infundadas. En equipos que se sirven de más de un mediapunta, como puede ser este Chelsea de Thomas Tüchel, el rol de Giroud puede llegar a ser redundante.

La ley de rendimientos decrecientes de la economía explica que el exceso de trabajadores puede provocar que se llegue a un punto en que el crecimiento marginal (el crecimiento añadido con la adición de un nuevo trabajador) sea negativo. Esto es lo que sucede cuando Giroud se descuelga en este Chelsea. No solo deja al equipo sin referencia, sino que congestiona la zona de creación reduciendo el radio de acción de compañeros cuya función principal sí es la de organizar el juego. Así es como el intrusismo involuntario de Giroud lastra a su equipo.

Fédération Française de Football
Giroud es el segundo máximo goleador de la historia de Francia con 44 goles, solo siete por debajo de Thierry Henry. FFF

Una crítica tan cierta como injusta, ya que no se puede pedir a un jugador que se revele contra su esencia a sus 34 años de edad. Los achaques que le hacemos a Olivier se los haríamos a cualquier otro jugador inmerso en un contexto que potencia otras características en detrimento de las propias. Un talento como el de Giroud no es fácil de embotellar, ni siquiera por él mismo. La cabra tira al monte y Olivier busca la pelota.

Pese a ello, no cabe duda de que si preguntásemos a Griezmann, Mbappé, Alexis Sánchez, Werner o cualquier otro futbolista que haya compartido césped con él, seguro que el bueno de Giroud sería el compañero que escogerían para jugar en el patio del colegio. Un jugador que evidencia que el fútbol es simple, aunque muchas veces lo queramos complicar. No importa si eres un delantero habilidoso o un defensa toscón, al lado de Olivier la vida va a ser más sencilla.

Raphinha o la suma de productividad

El brasileño está siendo uno de los jugadores de la temporada hasta que se demuestre lo contrario

Por definición, ser productivo es aquello que produce o es capaz de producir y, también, algo que es útil o provechoso. Trasladado al ámbito meramente futbolístico son aquellos futbolistas, normalmente de la parcela ofensiva, que a su repertorio de aptitudes suman producción de cifras a sus casilleros. El gol es el elemento más valioso del deporte rey. Existen multitud de líneas de opinión sobre esto, pero lo único absoluto es que: quién más goles marca es el que gana.

Tal vez sea un argumento básico, pero es el máximo del balompié. Es por ello que, cuando un jugador comienza a ser productivo, su valor empieza a subir exponencialmente. Saber driblar de forma fructífera a los defensores, tener cambios de orientación exquisitos o ser responsable tácticamente son cosas vitales dentro de un plan colectivo, pero al peso, lo que más vale es que el balón entre en la red. Eso es lo que ha sumado Raphael Dias Belloli ‘Raphinha’ a su repertorio y está siendo uno de los grandes fundamentos del Leeds United.

Si suele destacar en la Premier League el ritmo frenético y la multitud de vaivenes que se suceden en tan solo noventa minutos, el Leeds de Marcelo Bielsa eleva al cubo esa doctrina. Ofensivo, presionante, atrevido y haciendo del riesgo una virtud en lugar de un defecto. Lleva a los rivales a un duelo a golpes sin guantes y quién golpea más fuerte, gana. Pero ya conocemos al ‘Loco’ y su amplia filosofía: «El trabajo de recuperación tiene cinco o seis pautas y ya, se llega al límite. El fútbol ofensivo es infinito, interminable».

Entre lo diferentes y especiales que son los ‘Whites’, Raphinha es ese elemento que despunta entre el caos. En un discurso que mezcla anarquía y agitación, el de Porto Alegre pone las tildes y los puntos sobre las íes. Acostado a la banda derecha de Ellan Road simboliza un verso suelto de la alegre melodía de Marching On Together, himno del Leeds.

El rendimiento de Raphinha ha elevado el techo competitivo de los de Bielsa. LEEDS UNITED

«El regate es siempre lo más peligroso para una defensa (…) Es una alternativa al juego combinado y, por supuesto, deseamos un jugador que pueda driblar y resolver la situación sin tener que combinar demasiado»

Marcelo Bielsa tras el partido contra el Crystal Palace

Su sangre brasileña no engaña acerca de su estilo de juego. Como es común entre los atacantes procedentes de la cuna de la samba, el baile está integrado en su amplio repertorio de recursos. Una naturaleza mágica y de sinvergüenza que le lleva a dejar acciones hirientes para los defensores. En ocasiones, hasta humillantes. No obstante, es un regateador concreto y selectivo: más allá de encarar cada vez que el esférico entra en contacto con su bota izquierda, suele escoger las ocasiones en las que su ‘dribling’ puede ser beneficioso para el colectivo. Este proceso de selección le mantiene alejado de los puestos principales de regates por partido, aun siendo de los maestros en este exquisito arte. Pero más vale ser concreto y dañino que abundante y superfluo.

Sin embargo, en el último mes, ha subido un escalón en un rendimiento que ya venía siendo sobresaliente. Más allá de estar pegado a la línea de cal produciendo situaciones ventajosas para Patrick Bamford y compañía, está asomándose constantemente al pico el área con el cuchillo entre los dientes. Ha afilado el interior de su bota izquierda y está comenzando a producir estragos en las defensas rivales. Desde la victoria contra el Newcastle el 26 de enero, ha producido un total de seis tantos, a igual reparto entre goles y asistencias. Poco más de treinta días en los que ha calibrado la mira, llenado de balas el cargador y se ha transformado en un futbolista incalculable. Además tiene una gran facilidad para situar a sus compañeros en boca de gol: promedia dos pases clave por partido, el séptimo jugador que más genera de toda la competición.

Bamford es uno de los mayores beneficiados. LEEDS UNITED

«Es un jugador con buenos atributos físicos para el puesto. Es rápido y puede sostenerlo a larga distancia. Tiene los recursos de un extremo con regate y cuándo atacar el espacio por detrás», comentó el técnico argentino haciendo referencia, obviamente, a Raphinha. Y es que representa el A-B-C de lo que se entiende que debe ser un extremo. De forma sintética se podría definir como amenazante. Amenazante desde el ‘dribling’, desde la profundidad, desde la asistencia o desde el golpeo. Sin embargo, solo unos pocos son capaces de acompañar la intimidación en damnificación.

Un valor añadido que nunca resta en un equipo, menos aún si vive de golpear más fuerte que el rival. Porque en multitud de ocasiones se alaba el fútbol de los clubes por su atractivo visual y las idas y venidas que se suceden en sus encuentros. No obstante, estos pueden tener problemas de competitividad que les hacen caer en el foso. Al final beben del agua de los riesgos y estos pueden decantar la balanza en contra. Todo depende de las papeletas que hayas comprado y eso, a su vez, depende de las piezas que están sobre el verde.

Es por ello que el de Porto Alegre eleva el listón competitivo del Leeds. Un foco productivo desde el sector diestro que nutre al colectivo, despuntando desde lo individual. Una tarea difícil de realizar y, sobre todo, de sostener en el tiempo. Pero Raphinha se ha ganado el beneficio de la duda. Y, sin duda, es uno de los jugadores de la temporada hasta que se demuestre lo contrario.

William McGregor, el padre de las ligas

Este escocés sentó las bases de un sistema de competición que a día de hoy sigue vigente en casi todos países del globo

Los campeonatos ligueros constituyen uno de los principales atractivos del fútbol actual. Cada temporada, los equipos de un mismo país se enfrentan todos contra todos en un torneo determinado por un sistema de puntuación. Pero, ¿quién es el responsable de que este formato de competición exista?

Debemos remontarnos a mediados del siglo XIX, precisamente al 13 de abril de 1846. Ese día, en el condado de Pertshire, Escocia, nació el protagonista de este artículo: William McGregor. La odisea de este señor de barba poblada comenzó en 1870, cuando emigró a Birmingham, Inglaterra, para trabajar en una tienda de cortinas junto a su hermano. Aunque nunca lo practicó, William era una persona a la que le interesaba el fútbol, deporte en continuo crecimiento por aquel entonces (justamente, fue en 1871 cuando se creó la FA Cup, el torneo futbolístico más antiguo del mundo). En 1877, se convirtió en el vicepresidente de la directiva del Aston Villa, el club más grande de la ciudad. Fundado tres años atrás por jugadores de cricket, este equipo era considerado, además, uno de los más importantes del país.

Aquella época fue testigo de una importante transformación en la concepción del balompié. Luego de muchos años en los que el deporte rey se practicara exclusivamente de forma amateur, la Football Association autorizó la profesionalización en 1885. Tal novedad trajo consigo nuevos problemas, pues los partidos amistosos, que solían acompañar a los duelos de la FA Cup, fueron relegados a un segundo plano dado que eran poco rentables. Fue entonces cuando McGregor presentaría su gran aporte. En 1888, el escocés envió una carta a siete clubes del país, entre los cuales se encontraba el suyo, proponiendo la creación de un campeonato que proporcionara un calendario organizado para todos sus miembros.

William McGregor en la temporada 1908-1909. COLORSPORT

El nacimiento de la Football League

El 17 de abril, el Royal Hotel de Mánchester fue sede de una reunión que dio origen a la Football League, el primer torneo liguero de la historia. El nombre de la competición se le atribuye a William Sudell, entonces presidente del Preston North End. Se estableció un sistema en el cual los equipos sumarían dos puntos por victoria, uno por empate y ninguno por derrota. Esto rigió hasta 1981, cuando los triunfos pasaron a valer tres puntos. Los clubes se enfrentarían dos veces (una en su propio estadio y la otra en el del rival) con cada uno de los demás. El primer presidente en la historia de la liga no sería otro que el propio McGregor.

El 8 de septiembre de 1888 dio inicio la primera edición del campeonato, la cual contó con 12 entidades participantes: Accringhton, Aston Villa, Blackburn Rovers, Bolton Wanderers, Burnley, Derby County, Everton, Notts County, Preston North End, Stoke City, West Browmich Albion y Wolverhampton Wanderers. El Preston se coronaría campeón sin perder ni un solo juego. John Goodall y James Trainer, ambos futbolistas del conjunto vencedor, serían el máximo goleador y el arquero menos vencido de la liga, respectivamente.

El primer gol de la historia de la Football League fue convertido por Kenny Davenport, futbolista del Bolton, quien entonó el grito sagrado ante el Derby County a las 15:37 hs. del día inaugural. Curiosamente, tuvieron que pasar 125 años para que dicho hito le fuera acreditado, pues, hasta 2013, se creía que Gershom Cox, jugador del Aston Villa, había sido el autor de la hazaña al marcar en propia meta frente al Wolverhampton. Una investigación del periodista inglés Robert Boyling determinó que el partido de los ‘Villains’ comenzó más tarde de lo previsto, concretamente a las 15:45 hs., es decir, ocho minutos después de que Davenport hubiera marcado.

La propuesta de William McGregor, fallecido el 20 de diciembre de 1911, sentó las bases de un sistema de competición que, a día de hoy, se encuentra vigente en casi todos los países del globo y atrae a cientos de millones de personas alrededor del mismo. Todo amante de este deporte se dispone a su equipo cada fin de semana y consulta la tabla de clasificación una y mil veces, realizando incontables cálculos según lo que el conjunto de sus amores necesite. Todo esto gracias a un barbudo escocés a quien le estaremos eternamente agradecidos.

Los prejuicios del Aston Villa y el cortoplacismo del fútbol

Los villanos han sabido reinventarse para hacer frente a los prejuicios y asomarse con peligro a las plazas europeas

Los aficionados al fútbol tendemos a ser impacientes. El creciente resultadismo que invade el mundo del balompié hace que muchas veces prejuzguemos a los equipos, jugadores o incluso las ligas de manera muy prematura. Sin embargo, el tiempo es sabio y termina dando la razón a quienes, expectantes, atienden a la evolución de los acontecimientos.

El año pasado pocos habrían apostado por la continuidad en primera división de un Aston Villa que no demostró estar preparado para el primer nivel en ninguna de sus líneas: delanteros poco inspirados, centrocampistas no demasiado finos y defensas inofensivos frente a porteros inseguros. Solo Jack Grealish, ayudado por John McGinn, pudo conseguir la salvación de los villanos en la pugna por ver quien hacía más méritos por acabar cayendo en la Championship.

Con tales precedentes incluso los aficionados más acérrimos del club de Birmingham mirarían con escepticismo y temor el año que se avecinaba. El portero suplente del Arsenal, un lateral y un delantero (escandalosamente caro) de segunda división, un extremo fracasado en Francia y un mediapunta exiliado del Chelsea no eran valores que invitasen a soñar a los seguidores del Aston Villa y, mucho menos, al resto de futboleros.

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La salvación postpandémica del Aston Villa supuso el descenso del Bournemouth. PREMIER LEAGUE

No obstante, a la hora de la verdad, el fútbol nos ha vuelto a demostrar lo injustos que resultan los prejuicios en la vida. La llegada de jugadores de segunda y defenestrados de otros equipos ha dado un salto de calidad a un equipo que con 22 jornadas trascurridas ya mira con desdén la pelea por la salvación a sabiendas de que sus 36 puntos a estas alturas de la temporada parecen más que suficientes para cumplir el objetivo frente al escaso puntaje de sus teóricos.

Con esas perspectivas, dos partidos menos y la octava posición el Aston Villa se ha hartado de mirar para abajo. Los muchachos de Dean Smith se han cansado de que los den por muertos. Frente a los rumores que sitúan a su estrella, Jack Grealish, lejos de Villa Park los de Birmingham parecen decididos a dar un golpe sobre la mesa para romper con todos los prejuicios y estigmas que sus detractores les llevan colgando.

De resurrecciones y confirmaciones

El cargo de Dean Smith parecía peligrar tras la desastrosa campaña 19-20, pero el inglés ha dado la razón a quienes apostaron por mantenerle en el puesto. ASTON VILLA

¿Y cómo han hecho esto? El Aston Villa ha crecido a partir de la creación de un entorno adecuado para optimizar determinados sus recursos. Dean Smith le ha dado a cada jugador el rol que más se adecúa a sus características. No podemos encasillar el juego del Aston Villa en ninguna de las escuelas que luchan por arrogarse la hegemonía en el mundo del fútbol.

El inicio de esta mejoría está, claramente, bajo palos. La estabilidad en portería es ‘conditio sin equa non’ para poder competir y el caso del arco villano el año pasado fue surrealista: desde las lesiones de Tom Heaton hasta la incompetencia de Nyland, pasando por un Pepe Reina al borde de la jubilación.

Por ello mismo, no dudaron en contratar a Emiliano Martínez cuando el Arsenal le enseñaba la puerta de salida. Más allá de su tesón y trabajo, el argentino ha cuajado actuaciones de gran nivel. Aun así, no es ese su principal valor. Tal y como repite Ilie Oleart en numerosas ocasiones para La Media Inglesa, Martínez es un portero que mejora defensas. La confianza que transmite permite que los centrales jueguen más relajados y puedan desplegar todo su potencial.

Por eso mismo, la llegada de Emi Martínez ha despejado el camino para que Dean Smith encuentre a su pareja preferida en defensa. Junto a Tyrone Mings, que ya había demostrado brotes verdes la campaña anterior; el inglés ha ubicado a un Ezri Konsa que al fin demuestra lo que prometía en Championship. Una pareja de centrales tan complementaria como diferente: Mings, más espectacular y agresivo al corte, mientras Konsa guarda su espalda y coordina bien cuando salir y cuando no. Además, más allá de sus capacidades defensivas, son dos centrales con pasado como laterales, lo que les confiere una gran capacidad de sacar la pelota que el propio Smith ha potenciado con Douglas Luiz por delante de ellos.

El brasileño el año pasado parecía un extraño dentro del plantel. Si no brilló en el Aston Villa fue por su incompatibilidad con el juego que ofrecía el equipo. El ex de Manchester City no tenía cabida en un equipo tan rácano en lo deportivo como fue el de Birmingham la campaña anterior. No así en la presente, en la que se ha convertido en una pieza fundamental en la salida de pelota del equipo, llegando incluso a levantar rumores sobre su regreso a las filas ‘Sky Blues’.

El que ya jugara en la liga española con la zamarra del Girona ha conformado un centro del campo de muchas garantías junto a McGinn y un resurgido Ross Barkley. El escocés ha logrado mantener el nivel de la campaña anterior y, ahora sí, bien acompañado está consiguiendo brillar.

«Ha jugado seis partidos en 18 días (después de su lesión), lo que demuestra su profesionalidad y su actitud».

Dean Smith sobre Ross Barkley

Por su parte, el jugador cedido por el Chelsea, ha llegado a Villa  Park a reivindicarse y Dean Smith ha conseguido que lo haga. El inglés ha entendido que su jugador necesita estar cerca del área y por ello le ha dado el tercer escalón para que pueda explotar su gran disparo lejano, así como su último pase. Barkley es el típico jugador inglés que primero dispara y luego pregunta. No es torpe en la asociación, pero su primera opción siempre será el disparo. Por tanto, es comprensible no situar un jugador de estas características en la sala de máquinas para acercarlo al área.

Y para que todo esto encaje es necesario que haya un escalón intermedio que conecte la salida de Douglas Luiz con la definición en últimos metros de Barkley. Y ahí tiene el Aston Villa a Jack Grealish organizando. Pese a la mejoría del Villa en todas las líneas, la base de su juego sigue estando en los ‘balones a Jack’. El mediapunta, que actúa de extremo izquierdo recibe acostado a la banda y desde ahí organiza a todo el equipo.

Esta fase del juego, es fundamental a la hora de entender cómo juega el Aston Villa y no se podría entender sin dos nombres: John McGinn y Olie Watkins. El primero con sus movimientos limpia el espacio para que el 10 pueda hacer su magia, mientras el segundo compensa sus movimientos ocupando los espacios que Grealish deja vacíos. Es especialmente importante para el Aston Villa tener un delantero de las características de Watkins, no solo por su habilidad rematadora, sino por su potencia, movilidad y autosuficiencia  por todo el frente de ataque.

Lagunas en un sistema casi perfecto

Hemos hablado de la portería, del centro de la defensa, del centro del campo y la delantera, pero existen algunas zonas en las que el equipo todavía presenta algunas dudas que de cara al futuro debe solventar para seguir progresando.

La más acuciante de las necesidades se haya en banda derecha. Si bien es cierto que el rol del extremo derecho va más encarado a dar amplitud al equipo sin balón que a intervenir en el juego, también es verdad que a día de hoy Smith no cuenta con un jugador de garantías para el puesto. Han probado El Ghazzi, Bertrand Traoré y Trézéghet y a la hora de la verdad, pocos han convencido. Ya en verano sonó Milot Rashica para reforzar la zona, pero el fichaje no se concretó y fue Traoré, canterano del Chelsea, quien aterrizó en Birmingham.

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Tras salvar al Werder Bremen del descenso en la temporada post-pandemia Milot Rashica estuvo cerca de recalar este verano en el Aston Villa. WERDER BREMEN

También en los laterales podrían llegar a tener un problema, aunque no tan importante como el de la banda derecha. Ya en 2019 acertaron con el fichaje de Matt Targett y en 2020 volvieron a hacerlo incorporando a Matty Cash. Los dos laterales se han convertido en insustituibles tanto por su nivel como por la ausencia de recambios de garantías. En la delantera Wesley tuvo momentos de buen juego la temporada pasada, en el centro del campo cuentan con Morgan Sanson y Marvelous Nakamba y Kortney House ha cumplido como central suplente. Sin embargo, en los laterales Neil Taylor y Ahmed El-Mohamady han demostrado sobradamente no estar preparados para la exigencia de la Premier League.

Aún pese a todo esto el Aston Villa esta temporada ha remontado el vuelto. Como ya se ha dicho, octava posición y solo seis puntos de diferencia con el Chelsea, que actualmente marca los puestos de Champions. Todo ello con dos partidos menos, dos partidos de esperanza que pueden hacernos soñar con un Euro-Villa que acabe con los prejuicios. Puede que la historia de los villanos no acabe con el cortoplacismo del fútbol, pero ayudará a levantar un muro que nos separe de esta injusticia.

Mutaciones en la naturaleza

¿En qué se parecen Virgil Van Dijk, Bruno Fernandes y Rúben Dias?

En la arquitectura, las vigas son los elementos estructurales que sostienen una edificación. De ellas depende el soporte de las construcciones que vemos a diario en nuestras ciudades. Simbólicamente, en los equipos de fútbol suelen existir esas ‘vigas’ que sostienen una idea. Jugadores sobre los que orbita el significado de un club. Más allá de ser o no los mejores de la entidad, conforman el sostén competitivo. Una pieza que permite que el engranaje funcione como el de un reloj, sin fallas en su mecanismo.

En estos últimos años, estas piezas se han evidenciado de mayor manera dentro sistema del deporte rey, especialmente en la Premier League. La competición inglesa se ha convertido en una constelación de estrellas debido al capital que hay. Pero entre esta coexistencia ha habido algunas que han sabido brillar por encima del resto, suponiendo mutaciones en la naturaleza de los clubes y soluciones a problemas que parecían inherentes. Jugadores que han cambiado de forma drástica con sus llegadas. Con revoluciones y no evoluciones.

Virgil Van Dijk

El primero de los ejemplos más claros que se nos vienen a la mente es el de Virgil Van Dijk. El rendimiento competitivo del Liverpool no se entiende sin su fichaje en el invierno de 2018. Cuando aterrizó estaba cuestionado por el montante de su traspaso, pero solventó las dudas a golpe de rendimiento. Resguardó a un equipo atrevido y divertido, pero incontrolable como ninguno. Tanto en fase ofensiva como defensiva. Klopp quería que su equipo fuera a presionar alto, pero se quedaba expuesto cuando la línea defensiva se adelantaba. Cuando buscaba estirar de la sábana, se le salían los pies por debajo. Él le pone el adjetivo de campeón a los ‘Scousers’.

Van Dijk celebra un gol al Brighton. LIVERPOOL FC

De hecho, el único momento de flaqueza ‘Red’ desde que pisase Anfield ha venido derivado de la grave lesión que ha sufrido. Ese ligamento cruzado anterior ha significado el golpe de un efecto dominó que ha concluido con los planes de Klopp tirados por tierra. Sin él, las costuras de Trent Alexander-Arnold quedan en evidencia, Fabinho tiene que dejar de ser el coche escoba en la presión y los acompañantes pierden confianza de no tener al bombero que apaga todos los fuegos. El calvario con las lesiones está siendo desmesurado, pero una vez se ha caído el Muro de Breda el palacio ha quedado expuesto.

«No sé si Virgil necesita otra hora de elogios, pero es realmente bueno. Ya lo sabíamos cuando lo trajimos, pero no teníamos idea de que el paquete total sería tan especial. Eso lo hace realmente genial».

Jurgen Klopp sobre la importancia de Van Dijk en el título de Premier

Bruno Fernandes

El ejemplo consecutivo lo encontramos en el condado vecino del de Merseyside. Bruno Fernandes compareció en tierras mancunianas hace poco más de 365 días y ha descifrado un enigma que parecía imposible de resolver.  Difiriendo radicalmente en la forma pero con un trasfondo idéntico, el portugués ha cambiado al Manchester United como hizo Van Dijk con el Liverpool. Ha sido el fichaje que necesitaba el equipo desde que Sir Alex Ferguson dio un paso al lado. Se podía esperar cierto receso por el salto competitivo de la Liga NOS a la Premier League, pero nada más lejos de la realidad. Dominó el campeonato luso y está dominando el inglés.

Bruno Fernandes celebra un gol. MANCHESTER UNITED

Su impacto se puede medir a través de los datos, pero trasciende mucho más allá. Los cuatro premios al Jugador del Mes en un solo año natural ponen en evidencia el nivel que está exhibiendo como ‘Red Devil’. Acontecimiento que jamás se había logrado y que le da más rédito siendo en su año de debut. Cuando el balón pasa por sus botas, la jugada cambia peligrosamente para los rivales. El United tenía pólvora antes de que Bruno llegase, pero necesitaba la mecha que la prendiera. Desde el golpeo y la lectura de los espacios, está apareciendo en zonas claves para debilitar a los contrarios. Usando guantes de seda esconde puños de acero. Su impacto ha dejado a los de Solskjaer segundos, poniendo en duda el binomio Liverpool – Manchester City. Un lugar inhóspito de no ser por la revolución que ha significado el nacido en Maia.

«Bruno Fernandes no está cansado. Nunca lo está. Es uno de esos jugadores que corren cubriendo todo el campo en cada partido. Es muy bueno recuperando y recargando sus pilas. Desde que llegó ha estado inmenso».

Ole Gunnar Solksjaer sobre Bruno Fernandes

Rúben Dias

El último y más reciente de los casos coincide en nacionalidad y ciudad de impacto con Bruno Fernandes, pero cambiando el color de la camiseta que visten. Tal vez haya pasado más disimulado por el radar general y esté más alejados de los focos, pero Rúben Dias está cambiando el molde del Manchester City. Las carencias defensivas que parecían intrínsecas del proyecto de Pep Guardiola las ha solventado con un rendimiento mayúsculo. Ese gasto defensivo por el que tanto se ha mirado con lupa a los ‘Sky Blues’ está siendo rentabilizado cuando parecía que esas acciones se desplomaban. Influencia que se evidencia con los tres goles en contra en sus últimos catorce partidos de Premier League, siendo el único equipo que encaja menos de un gol por partido en la competición.

El ex del Benfica está mostrando seguridad, algo que no existía y se venía demandando por el Etihad. El equipo más fatalista de los últimos años en el viejo continente. Encarnaban al pie de la letra la Ley de Murphy de «si algo malo puede pasar, pasará». Y les pasaba. La tostada siempre les caía por el lado de la mermelada. Pero este año parece haber cambiado radicalmente eso. En los momentos puntuales Rúben Dias está eliminando los fantasmas del pasado, equilibrando la balanza entre lo bueno y lo malo que les ocurre según las posibilidades reales que existen. Un cambio que le está poniendo cara de campeón al Manchester City de Guardiola.

«Cuando contratas a un jugador, crees que puede ayudar al equipo, pero nunca se sabes cuánto. Sus cualidades y capacidad para entender el juego son increíbles. Siempre quiere aprender y a todos nos sorprende su cuerpo y capacidad mental (…) Vive esta profesión durante las 24 horas. Es un chico que puede jugar cada tres días y recuperarse de inmediato. Tener a un jugador así solo demuestra lo importante que es para el equipo. Con 23 años puedo garantizar que hemos contratado a un jugador increíble para los próximos cinco, seis, siete años, algo que no es fácil».

Pep Guardiola se deshace en elogios hacia Rúben Dias
El portugués en un partido con los citizens. CITY EXTRA

«Love changes, changes everything» cantaba el duo británico Climie Fisher en la canción que se llama como este verso. Una pieza que explica como una novia le cambió la vida. Sentimiento que ejemplifica lo que sienten los aficionados de Anfield, Old Trafford y el Etihad cuando recuerdan los tiempos pretéritos y posteriores a Van Dijk, Bruno Fernandes y Rúben Dias, respectivamente. Fichajes que han cambiado la vida a sus clubes. Lo han cambiado todo.

Cuando el Arsenal casi toca el cielo con las manos

En el Día de San Valentín, repasamos el Arsenal-Leicester de 2016

«Me enamoré del fútbol tal como más adelante me iba a enamorar de las mujeres: de repente, sin explicación, sin hacer ejercicio de mis facultades críticas, sin ponerme a pensar para nada en el dolor y en los sobresaltos que la experiencia traería consigo».

Nick Hornby

Esta es una cita del libro Fever Pitch (Fiebre en las gradas en español) y refleja a la perfección el significado de la pasión por el fútbol. Su autor, Nick Hornby, es un declarado fan del Arsenal y en el libro vincula aspectos de su vida íntima y personal con su fanatismo por los ‘Gunners’. Por ende, no es coincidencia que esta referencia sirva de introducción para contar la siguiente historia.

El fútbol puede llevarte de la alegría a la desazón de un momento a otro. Lo que sucedió en la tarde del 14 de febrero de 2016 en Londres y lo que vino después son el fiel ejemplo de ello. Los protagonistas de este relato son Arsenal y Leicester, el Emirates Stadium como escenario y la temporada 15-16 el marco temporal en que se desarrolló este suceso.

El Leicester se consagró campeón de la Premier 15-16. LEICESTER CITY

La actual temporada está siendo complicada para muchos equipos e incluso hasta 10 conjuntos distintos consiguieron alcanzar la cima de la tabla en algún momento. Pues bien, cinco años atrás, la inconsistencia también se hizo presente (para el ‘Big Six’) y dio como resultado una de las más grandes e inesperadas gestas de la historia de la Premier League: Leicester campeón.

Los ‘Foxes’, que venían de escapar del descenso la temporada anterior, marchaban en la primera ubicación y desde que tomaron la posta en la fecha 15 siguieron firmes hasta el final. Kanté, Mahrez y Vardy (quien llegó a anotar en 11 partidos consecutivos por PL) eran las figuras del equipo dirigido por Claudio Ranieri. El Arsenal, por otro lado, tenía a un Mesut Özil en pleno estado de forma, una medular confiable con Cazorla y Coquelin y una defensa sólida. Parecía que era el año en que se terminaba la sequía por Premier, pero no. La irregularidad fue más. Vale la pena aclarar algo: El Arsenal nunca estuvo realmente cerca de ganar el título ese año, pero estuvo lo suficientemente cerca ese día.

Día de partido

Los ‘Gunners’ recibían al Leicester sabiendo que se jugaban su última chance. 5 puntos por debajo, y con la posibilidad de quedar a 8 si perdían, era ganar o ganar. El ambiente en el Emirates era el ideal: estadio repleto, los fans listos para alentar al equipo hasta el último minuto y el Arsenal sabía lo que era ganarle al Leicester esa temporada (lo habían hecho 2-5 en el King Power en el primer partido). Los de azul perdieron solo tres encuentros ese curso, dos de ellos ante los londinenses.

El Arsenal partía con un 1-4-2-3-1 clásico de Wenger, con Giroud en punta de ataque. El Leicester, por su parte, con un férreo 1-4-4-2 y listos para salir de contra aprovechando la velocidad de Albrighton, Mahrez y Vardy. Sonaba el silbatazo inicial en el Emirates.

El primer tiempo transcurría sin mayores emociones, hasta que a los 44 minutos, el árbitro marcaba un penal a favor para los ‘Foxes’ tras falta de Nacho Monreal sobre Jamie Vardy. Dato curioso: ese fue el sexto penal que generaba Vardy en la competencia (más penales que los otros 19 equipos del torneo). Por su parte, el Leicester había conseguido 10 penales a favor hasta entonces (el doble que cualquier otro equipo esa temporada). Arsenal 0-1 Leicester. Final del primer tiempo.

Vardy convierte su sexto penal de la temporada y adelanta a los ‘Foxes’. PREMIER LEAGUE

La segunda mitad comenzaba con un cambio para los londinenses: Calum Chambers ingresaba por Laurent Koscielny lesionado. Transcurridos 10 minutos, una falta de Danny Simpson marcaría el rumbo del partido. El lateral inglés vio la roja por doble amonestación. Producto de esto, Ranieri se vio obligado a cambiar y sacó a Mahrez por Wasilewski (un central). Wenger respondió enviando a Walcott por Coquelin. Efecto inmediato. Tras varios minutos buscando vulnerar a Schmeichel, sería Walcott quien puso en tablas el marcador. Algo se sentía distinto en la atmósfera.

El Arsenal siguió buscando la portería rival hasta el final del partido, hasta que sucedió, finalmente sucedió. Tras una falta de Wasilewski sobre Monreal, Özil lanzó de falta y colocó el balón en la cabeza de Welbeck (quien había ingresado minutos antes). El delantero ubicó el esférico en el palo más lejano, venciendo la estirada de Schmeichel. Una explosión de emoción y locura se vivió en el estadio. La cámara central de la transmisión vibraba, la gente lloraba (incluido quien escribe esto aunque desde casa) y los jugadores celebraron junto a los fanáticos en uno de los córners. Esa fue la última pelota del encuentro, literalmente. Arsenal 2-1 Leicester. Final del partido.

¿Qué pasó después?

Lo que sucedió después es conocido: Leicester continuaría su marcha hacia su primer título de Premier League y Arsenal finalizaría segundo, diez puntos por debajo de los ‘Foxes’. Desde entonces, los ‘Gunners’ nunca volvieron al top 4 de la competición. En la presente temporada, ambos se encuentran disputando la Europa League, con los comandados por Brendan Rodgers luchando por el título en Premier, mientras que el Arsenal navega por la mitad de la tabla.

Los ‘Foxes’ levantan la copa en su estadio. PREMIER LEAGUE

Un último dato curioso. Desde noviembre de 1994 hasta mayo de 2018, Leicester no pudo vencer al Arsenal por liga (23 PJ – 16 PP – 7PE). Hoy la tendencia cambió. Actualmente, Arsenal lleva cuatro partidos sin ganarle a los ‘Foxes’. Los últimos nueve encuentros marcan una ligera ventaja para los azules (cuatro victorias, dos empates y tres derrotas).

Esta historia sucedió en un día como hoy, cinco años atrás, en el día de los enamorados. Es una historia de amor que terminó mal, pero que tiene capítulos que son escritos día a día. Si bien es una experiencia meramente personal, vale la pena recordar lo que puede generar el fútbol y por qué, al ser tan impredecible, es el mejor deporte del mundo.