Mourinho, Ndombélé y la fórmula del éxito

Hace apenas un año, José Mourinho desembarcó en un Tottenham en horas bajas. El conjunto londinense había rozado la gloria unos meses antes al alcanzar la final de Champions en la que cayeron contra el Liverpool de Jürgen Klopp, por aquel entonces el mejor equipo del momento (y posiblemente del año 2019). 

Cinco años y medio estuvo Pochettino al frente de un club con vistas al futuro. Un proyecto construido al dedo para el técnico argentino que, por méritos propios, se había ganado la confianza de Daniel Levy (el mandamás de los ‘Spurs’) a lo largo de los años. Tras un curso de fábula, los pupilos de Pochettino no supieron reponerse del varapalo que tuvo lugar en el Metropolitano de Madrid. Aquella derrota pesó más de lo esperado en un club donde, durante ese año, habían estado en una nube acariciando el edén.

La presión mediática que se generó alrededor del Tottenham fue tan grande que Levy tuvo que optar por buscar la mejor opción para seguir hacia delante. Esto conllevaría la destitución del mejor técnico de la década del Tottenham. Se cerraba un ciclo para abrirse otro; el carismático José Mourinho llegaba a Londres con otros colores

Jugadores de los ‘Spurs’ celebran uno de los goles ante el Arsenal esta temporada. PREMIER LEAGUE

Todo fueron críticas al principio. El luso se enfrentaba a un reto difícil pero apetecible: devolver el espíritu competitivo a un equipo carente de esperanza. Y aquel año no salió nada mal. Con varios altibajos, Mourinho consiguió clasificar al equipo para Europa League y quedar en sexta posición, por encima de Wolves y Arsenal. Se respiraba aire fresco en Londres. Un estilo cambiado, caras nuevas en la plantilla y pandemia mediante, el Tottenham se había convertido en un hueso duro de roer.

Pero había un jugador ausente. Distante. Un francés que llegó por más de 60 ‘kilos’ y que apenas había incidido en el juego del equipo. El técnico portugués lo sabía. Y, desde ese momento, comenzó la recuperación de un jugador que, a día de hoy, se puede considerar el guía de un equipo necesitado. Como se suele decir: en los peores momentos aparecen los mejores. Y Tanguy es de esos.

El medio francés es un jugador distinto. Diferencial. Puede parecer torpe o desmañado por su aspecto físico. Para nada. Posee una técnica depurada, una habilidad innata para zafarse de rivales en una baldosa. Es un pillo. Un jugador idóneo para disfrutar viendo sus ‘highlights’, pero que no vive de ello. «Ha experimentado una gran evolución», como bien comentaba Mourinho en una rueda de prensa. Ha pasado de jugar para el equipo a que el equipo juegue para él. Y, obviamente, eso ha potenciado al equipo en muchos aspectos. Son y Kane lo agradecen.

Tanguy Ndombélé celebrando el tanto ante los Wolves. Fuente: Irish Mirror

A un equipo tan compacto como el actual Tottenham le faltaba alguien que conectara con el frente de ataque. Alguien que vagara a sus anchas por la zona de tres cuartos y supiera dar el último pase. Hojbjerg y Skipp no son jugadores de ese perfil. Lamela no funciona detrás del punta. Quizá, Lo Celso es el jugador que más se le podría parecer al francés. Pero no ofrece todo lo que demanda el equipo en esa zona. Solo el ex del Lyon conoce la fórmula del éxito. Y Mourinho lo sabe perfectamente.

A modo de conclusión, me gustaría resaltar un tuit muy acertado de Aitor Alexandre (compañero de Bed & Breakfast) en el que asociaba el término ‘simbiosis’ a cómo funcionan Mou y Ndombélé. No necesita más explicación que esa, están destinados a entenderse. Tanguy necesita de Mou y viceversa. Y, por estas y muchas cosas, tenemos un nuevo candidato a la carrera por el título. La Premier ya no es cosa de dos.

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