Olivier Giroud y la simplicidad del fútbol de la calle

El delantero francés, eterno incomprendido, se reivindica día tras día para cerrar la boca de todos aquellos que le dan por muerto

A veces complicamos el fútbol en exceso. Este es simple y, en ocasiones, sus campos se asemejan a los patios de la escuela. Aquellos tiempos en que los más habilidosos eran delanteros y los menos técnicos se encomendaban al oficio defensivo o, directamente, a la portería.

En todo equipo había un jugador diferente, el que todos querían a su lado. Ese no era el típico regateador que marcaba diferencias a nivel individual, era el compañero que realmente comprende el juego y que, con un mínimo de esfuerzo, conseguía hacer que sus amigos se creyesen comparables al Messi, Ronaldinho o Maradonna de turno.

Precisamente ese tipo de jugador es Olivier Giroud. Mientras los regateadores y los desequilibrantes se llevan los focos, el bueno de Olivier marca la pauta. Un futbolista que puede que, físicamente, no disponga de aptitudes para ser diferencial, pero que comprende el juego como nadie y sobresale para callar las bocas de todos sus detractores.

Antes de llegar a Inglaterra, Giroud ganó la liga francesa con el Montpellier siendo el máximo goleador. MONTPELLIER FC

Un ‘tronco’ con mucha calidad

Siempre habrá quien le llame «tronco», «oportunista» o «malo» sin ningún tipo de eufemismo. Gente incapaz de apartar los ojos del escenario para tratar de entender el trabajo que se esconde detrás del telón. No obstante, el fútbol también acaba poniendo a cada uno en su lugar.

Y es que es cierto que Giroud marca pocos goles (de ahí la mayoría de críticas que recibe), pero cuando lo hace demuestra toda su calidad. La chilena con la que decantó el partido ida contra el Atlético de Madrid no es más que una tantas obras de arte firmadas por Olivier. Cómo olvidar aquel gol que anotó contra el Crystal Palace en 2017, tanto que fue galardonado con el premio Puskas de mejor gol de la temporada.

Aunque cuando le veamos nuestros prejuicios nos retrotraigan a un rematador puro que carga el área a base de testarazos, la realidad es que el delantero del Chelsea representa todo lo contrario. Lejos de ser un nueve clásico, Giroud es uno de esos delanteros que necesitan estar en contacto con la pelota continuamente. Su infinita calidad hace que se aburra alejado del juego, lo que le lleva a apartarse de la zona de remate para bajar a buscar el balón. Como buen telonero, el francés se ennegrece para potenciar el brillo de sus compañeros.

Un monte inexpugnable para Giroud

Aún así, no todo es bonito en el ex de Montpellier. Su falta de gol y su ansia de balón le comportan una serie de críticas, que no siempre son infundadas. En equipos que se sirven de más de un mediapunta, como puede ser este Chelsea de Thomas Tüchel, el rol de Giroud puede llegar a ser redundante.

La ley de rendimientos decrecientes de la economía explica que el exceso de trabajadores puede provocar que se llegue a un punto en que el crecimiento marginal (el crecimiento añadido con la adición de un nuevo trabajador) sea negativo. Esto es lo que sucede cuando Giroud se descuelga en este Chelsea. No solo deja al equipo sin referencia, sino que congestiona la zona de creación reduciendo el radio de acción de compañeros cuya función principal sí es la de organizar el juego. Así es como el intrusismo involuntario de Giroud lastra a su equipo.

Fédération Française de Football
Giroud es el segundo máximo goleador de la historia de Francia con 44 goles, solo siete por debajo de Thierry Henry. FFF

Una crítica tan cierta como injusta, ya que no se puede pedir a un jugador que se revele contra su esencia a sus 34 años de edad. Los achaques que le hacemos a Olivier se los haríamos a cualquier otro jugador inmerso en un contexto que potencia otras características en detrimento de las propias. Un talento como el de Giroud no es fácil de embotellar, ni siquiera por él mismo. La cabra tira al monte y Olivier busca la pelota.

Pese a ello, no cabe duda de que si preguntásemos a Griezmann, Mbappé, Alexis Sánchez, Werner o cualquier otro futbolista que haya compartido césped con él, seguro que el bueno de Giroud sería el compañero que escogerían para jugar en el patio del colegio. Un jugador que evidencia que el fútbol es simple, aunque muchas veces lo queramos complicar. No importa si eres un delantero habilidoso o un defensa toscón, al lado de Olivier la vida va a ser más sencilla.

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