Retrato a Declan Rice

Un análisis de la última gran perla del West Ham

21 de mayo de 2017, Turf Moor. A la Premier League le restan unos escasos minutos para cerrar una temporada más. Hull City, Middlesbrough y Sunderland conocen que su futuro está en la Championship, mientras que el Chelsea toca la gloria de la mano de Antonio Conte. Rondando el minuto 90, sale del banquillo del West Ham un chaval espigado, pálido y vestido con la equipación que luce el dorsal 41. Su nombre es Declan Rice. Entra al terreno de juego por Edmilson Fernandes. Al cabo de unos minutos, el árbitro pita el final del partido y, por ende, del curso en Inglaterra. En esos momentos nadie se dio cuenta, pero acababa de debutar la última gran perla de ‘The Academy of Football’.

Desde aquel «insignificante» momento, la trayectoria de Rice se ha basado en un crecimiento constante. El joven británico ha demostrado de forma incuestionable que ha llegado al mundo del fútbol para quedarse por mucho tiempo. Y le ha dado igual que el mar estuviese calmado o que una tormenta azotase la tranquilidad del London Stadium, él siempre ha dado el ‘do’ de pecho por los colores que le han visto crecer.

Declan Rice celebrando un gol contra el Bournemouth. JUSTIN SETTERFIELD

Durante la presente temporada el West Ham se ha mostrado un equipo irregular y ha estado (y está) coqueteando con los puestos de descenso. Dentro del cúmulo de incertidumbre y la mala situación, las únicas buenas noticias han sido Mark Noble (qué sorpresa) y Rice. Con su rendimiento ha dejado claro que lo suyo no depende de contextos, sabe sobreponerse a las adversidades y está listo para poder liderar cualquier proyecto.

Tan solo tiene 21 años. Una juventud que presuntamente podría llevarle a pecar de inocencia en infinidad de ocasiones. Al menos, podría mostrar cierto nerviosismo en alguna de sus acciones. Sin embargo, verle jugar puede llegar a abrumar de la madurez y soberbia con la que realiza cada acción, cada gesto. Da la sensación de que es consciente de sus enormes capacidades y muestra una chulería amistosa por ellas. No se excede en sus acciones, pero luce una tranquilidad insólita para un chico del 99.

Recibe el balón, cuerpo recto y erguido, cabeza levantada y con tan solo una ojeada, encuentra el mejor receptor. O quizás decide batir líneas con su potente zancada, pero siempre mirada al frente. Así constantemente. Mostrando una serenidad pasmosa, dentro de una liga frenética. Los partidos van a un ritmo y él a otro, sin despeinarse, pero sin fallar tampoco. Si tan solo nos quedásemos en sus momentos con balón podría decirse que, si le pinchas, no vas a sacar sangre de él. Si le tomásemos las pulsaciones, fácilmente se mantendría sobre 40 por minuto cuando la situación se pone tensa.

Sin embargo, cuando el esférico no está bajo el dominio de los ‘Irons’ algo cambia en su interior. Debajo de su perfil posicional y su inteligencia táctica, se esconde un defensor de pierna dura e intenso en los duelos individuales. Declan sabe cómo, cuándo y por qué saltar para arrebatar la posesión al rival. Atento y silencioso espera a que el contrario cometa un mínimo error y, cuando sucede, estira sus largas piernas para hacerse con el control. Ya sea en estático, en carrera o yendo al suelo, su técnica defensiva le hace salir airoso de esos duelos. Eso sí, siempre manteniendo la cordura.

Todos y cada uno de sus movimientos, van proseguidos de una posterior postura vertical. Pura elegancia británica. Podría saltar al terreno de juego vestido con traje de chaqueta, camisa, corbata y zapatos. Sin asemejarse al estilismo francés de Zinedine Zidane o la clase española de Andrés Iniesta, es un futbolista que posee un porte galano y lo sostiene antes, durante y después de cada acción. Su 1’85 de estatura va acompañado de una elasticidad y plasticidad que le posibilita emplear su cuerpo en una gran cantidad de acciones con templanza.

De la mano de Mark Noble ha formado una pareja simbólica para el West Ham United. Ellos dos representan el pasado, presente y futuro de la entidad como si de una línea del tiempo se tratara. Esta relación entre canteranos asemeja a una casi paternal. El veterano cuida, aconseja y guía al inexperto joven. Así se ve reflejado en muchas de las actitudes que manifiesta Rice dejando entrever que está más que listo para coger el testigo de la capitanía. Muchos de esos gestos tienen un carácter inherente, pero otro tanto están esculpidos bajo la mano de la leyenda.

Mark Noble y Declan Rice durante un entrenamiento. WEST HAM UNITED

Ahora y en los próximos años va a tener que demostrar esa madurez lejos de los terrenos de juego. Las decisiones (acertadas o no) que tome sobre su futuro guiarán el devenir de este. Así que debe plantearse: ¿Continuar en el London Stadium y convertirse en leyenda ‘Hammer’ o emigrar en busca de proyectos con mayor ambición? ¿Seguir soplando burbujas o volar lejos como si fuese una? O lo que viene siendo: ¿Ser Bobby Moore o ser Frank Lampard? Ambas están elevadas a su máximo exponente, con sus pros y sus contras. El precoz de descendencia irlandesa debe andar con pies de plomo en cada pisada para continuar su camino sin tropezar en él. Este año ya ha mostrado que no depende de contextos. Quizás haya sido por su amor hacia los colores o quizás por su calidad exuberante. Pero lo que no asume dudas es que ha completado una temporada de oro dentro de un ecosistema que presentaba muchas adversidades.

Un jugador es él y su entorno, pero cuando lo segundo no acompaña y se sigue brillando, empieza a tratarse de palabras mayores. Ese es Rice. Lleva entre nosotros tres años y ni siquiera nos hemos dado cuenta. Pasa desapercibido tras una fachada simple e inocente, bajo la que se esconde un inglés con ganas de comerse el mundo. Sus primeros bocados han sido en el barrio de Stratford, su hogar. En él se ha convertido en una especie de Dios británico aclamado por el graderío del estadio olímpico. Puede seguir este proceso lejos o disfrutar a fondo de ese mordisco. Sea como fuere, ya ha conquistado los corazones que antaño protegía la muralla de Boleyn Ground.

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