Generales en el barro

Chelsea y Tottenham empataron a dos en el derbi londinense

Los genios son unos cobardes, la capacidad de pensar sirve como maquillaje para esconder la ausencia de fuerza bruta. Por eso los generales de guerra nunca van al frente. En la antigüedad, ellos se encontraban en el fondo con su caballo como única compañía; en la actualidad, no necesitan ni salir del cuartel. Abajo en el barro se encuentran tanto los astutos como las bestias, los impulsivos como los calculadores, pero siempre ante la frívola mirada de su jefe.

Sin embargo, cada tanto nos encontramos con esos generales que no pueden esperar al final de una operación para re agrupar filas y pensar en la próxima oportunidad para hacer valer su poderío. Por suerte, como dice Valdano: «El fútbol es la cosa más importantes de las menos importantes», pero cuando se vive un partido con la intensidad del Chelsea 2-2 Tottenham es normal olvidarnos, al menos por 90 minutos, más lo que agregue el árbitro, que este deporte no está pensado para causar enemistades.

Confrontación entre Thomas Tuchel y Antonio Conte tras el 1-1. MARCA

Cuando los generales bajan al barro suele ser porque sus dirigidos llevan el significado de excelencia a otro nivel. Un nivel de cualidad que se ve plasmado en el 1-0 de Koulibaly, un gol de volea por parte de un central en contra de un equipo que trabaja al detalle la pelota quieta. También se sienten terrenales cuando al combate llega la polémica, como con el gol del empate a uno por parte del Tottenham cuando en el origen de dicha jugada se alega una falta sobre Havertz, que se marchaba solo para anotar el posible 2-0.

Luego de ese tanto llegaría la primera de las discordias entre mandamases: Conte celebraría el tanto del empate mandando a callar a su homologo. Una disputa que, sumada a la revisión del VAR en el gol, demoraría la reanudación del encuentro unos tres minutos. Todo se suma en esta vida, todo cae por su propia causalidad y casualidad. El partido ya había entrado en un nivel de rudeza, tanto en el terreno de juego como en la banda, que dejaría claro que esto apenas empezaba.

Resumen del derbi londinense. CHELSEA FC

Un solitario Reece James pondría el 2-1 para los blues tan solo nueve minutos después del incidente. Tuchel recorrería toda la banda, pasando frente a su nuevo archienemigo, para celebrar el que presumiría que sería el gol de la victoria. A partir de ahí, el técnico alemán se haría fuerte en sus virtudes: cerrar espacios, ser infalible en la pelota quieta y aprovechar la velocidad de sus atacantes para liquidar el encuentro.

Al minuto 90 el cuarto arbitro agregaría seis minutos, tiempo excesivo de no ser por lo ocurrido tras el 1-1. En una escena de película, en la última jugada del partido, los de Conte se harían fuertes en lo que tanto trabajan y los de Tuchel concederían la única oportunidad para dejarse hacer daño. En córner desde la derecha puesto por Perisic sería conectado por Harry Kane que marcaría el anhelado gol del empate. Ambos se hicieron daño con su misma forma de percibir el fútbol.

Pelea al finalizar el partido entre Thomas Tuchel y Antonio Conte. FOOTBALL DAILY

El tiempo daría poco para más. Por protocolo, como todos al final del encuentro, ambos entrenadores se darían un apretón de manos que terminaría en una nueva disputa. Expulsados los dos, estarán inhabilitados, a falta de una resolución arbitral, el próximo encuentro. Por eso los generales nunca bajan al barro: en el fútbol se paga con una tarjeta roja; en la guerra, con la vida.

El peor de los amistosos

Manchester City y Liverpool abren el apetito para la nueva temporada de Premier League

En la calle los niños juegan bajo un sol que convierte cualquier ruido en silencio. En uno de los veranos más calurosos de los últimos años en Europa, el plan regular de todos los años se convertía en el favorito: privilegiados aquellos que cerca de su vivienda cuentan con una playa, un lago o una piscina para hacer más llevadero el clima. Quienes no, buscan entre cervezas o helados esos segundos de frescura. Pero en toda historia hay valientes, como aquellos que sentados en el sillón de su hogar envidiaban los 22 grados en Leicester y pensaban en por qué reprogramaron cualquiera de las actividades anteriormente mencionadas.

Un tímido King Power Stadium que estaría alrededor del 80 % de su capacidad nos recordaba que, incluso hasta los más aficionados necesitan un respiro del fútbol y dar lugar a actividades propias de las épocas festivas. Pero ese porcentaje llevado al macro se podría extrapolar a millones que atrás de una pantalla presenciaban el amistoso más competitivos de todos: la Community Shield. Cuyos protagonistas, Manchester City y Liverpool estuvieron a la altura del encuentro.

Un partido cargado por más atractivos de los que se acostumbran: el debut de Erling Haaland y Darwin Núñez (dos delanteros que parecen estar destinados a pelear por la Bota de Oro de la Premier la próxima década), qué nuevas situaciones habían trabajado los técnicos; qué roles ocuparán jugadores de ambas plantillas ante salidas sensibles como las de Mané y Raheem Sterling; y, en definitiva, disputarse el primer título oficial de la temporada.

Resumen de la Community Shield 2022. LFCTV

Un primer tiempo caracterizado por la facilidad que encontró el Liverpool para llegar a campo contrario en pocos toques y de un Manchester City que, con algo de timidez, empujaba al Liverpool frente a su arco para no dejarse arrollar. El primer gol llegaría tras un disparo al borde del área de Trent Alexander-Arnold, con una curiosa celebración mandando a callar quién sabe a quién. Es muy pronto para saberlo, pero ese rostro serio del lateral inglés se marcharía al llegar Henderson con una sonrisa. Estaba muy serio para ser un amistoso más.

Guardiola, sabiendo que es un partido sin importancia, dio entrada en el segundo tiempo a Foden y Julián Álvarez, jugador que aunque no contó con mucha expectación a la hora de empezar el partido, mostraría mejor imagen que el deambulante Grealish. Un partido que contó con focos de sobra para Haaland, pero que terminaron apuntando hacia el argentino Álvarez, quien igualó el encuentro a los 10 minutos de haber ingresado. Eso sí, Guardiola demoraría su festejo, asistido por el VAR, al querer darle instrucciones a su jugador. La remontada había empezado.

La sensación entre la mayoría de periodistas es que era un resultado accidentado, injusto. El Liverpool estaba siendo mejor y el City no era ni la sombra de lo que fue en el primer tiempo ni de la imagen a la que nos tienen acostumbrados. El marcador señalaba 1-1 a falta de 20 minutos, con un aura más propio de una final que de un amistoso. Quedaba menos de media hora para que ambas escuadras evitarán los penaltis.

Luis Díaz llegó a su tercer título como jugador del Liverpool. REVISTA SEMANA

Siendo poético o no, aquello que buscarían evitar sería lo que decantaría el encuentro. Un cabezazo de Darwin Núñez impactaría en la mano de Ruben Días, pero del impacto del balón en la extremidad del central portugués al cobro desde el punto pasarían un par de minutos en el que hubo airadas protestas de ambos equipos: del lado ‘Red’ las quejas por el obsceno penal que no pudo ver el arbitro en directo y por el lado ‘Citizen’ por un penalti no señalado anteriormente a su favor. Les importaba poco quién se llevaba el encuentro. Salah convertiría el 2-1 desde los once metros.

Los de Guardiola se volcaron al ataque mientras que Klopp daba refresco a su equipo con cambios a falta de 10 minutos del pitido final. Entre disputa y disputa el joven Fabio Carvalho, también debutante, recuperó un balón en campo del Manchester City y habilitó a Salah. El egipcio puso un centro a la medida para que Andy Robertson asistiera a Núñez para empujarla con un sutil cabezazo que ponía el 3-1 en el marcador. Un minuto después, Haaland erraría un gol a puerta vacía que poco o nada hubiese cambiado la historia, pero si hubiera modificado los condimentos del partido.

Los subcampeones se quedaron en el campo para presenciar la ceremonia de campeones, momento que se le hizo eterno a jugadores como Bernardo Silva, cuyo rostro manifestaba un notorio fastidio. Al levantar el trofeo, los jugadores y cuerpo técnico del City se marcharon sin recibir las medallas del segundo lugar. Un primer round del duelo más esperado de la temporada que no decepciona, dándole el valor que se merece un trofeo oficial como la Community Shield, tan desprestigiada bajo el nombre de amistoso estos últimos años. Eso sí, incluso si lo fuese, ninguno de los dos la querría perder.

El deporte rey

El Manchester City se proclama campeón de la Premier League tras una remontada épica

Hace tiempo me encontraba aburrido en el sillón de mi casa. Con la ayuda del control hacía zapping hasta detenerme por escasos minutos en un canal deportivo. Debido a esa brevedad, tal vez, no recuerdo quién fue el que escupiría una verdad que me hizo ver el fútbol diferente: «La gente va a ver fútbol, paga por verlo, porque nunca sabe que se va a encontrar. Así la lógica diga que será un 1-0 aburrido todos vamos a la cancha porque existe esa posibilidad que sea un 4-4 con goles al último segundo». Vaya si tenia razón, porque ayer no fue un partido normal.

En la pantalla de mi pc tenía puesto el partido de mi desesperanza (los que ya me han leído antes sabrán que mi corazón estaba en Anfield). Lo catalogué así porque la lógica me marcaba un partido sencillo para los de Guardiola, uno que demostró que era capaz de arrollar a equipos mejor colocados en la tabla de posiciones, como Newcastle o Wolves, que a cada uno les propinaría una goleada por cinco goles. El sentido común, la probabilidad, la historia hacía imaginar un final de Premier más parecido al de la 18-19, más llena de emoción por los puntos de diferencia que por lo que ocurrió en aquellos partidos. Pero la lógica a veces falla.

Se lo comentaba a mis amigos y ahora se lo transmito a ustedes: no recuerdo haber visto tan nerviosos tanto a ‘Citizens’ como a ‘Reds’ en un partido de liga. A lo mejor por ello es que ambos empezaron abajo en el marcador y les costó, en mucho tiempo, monopolizar sus respectivos encuentros. Cierto es que el gol del Liverpool llegaría antes que el primero del City, pero, para ese momento, los de Guardiola aún eran campeones.

Pero si el primer tiempo fue impredecible, al segundo se le queda corto ese adjetivo. Todos esperábamos que tanto Klopp como Guardiola centraran a los suyos y en el segundo tiempo pasara lo que pasa siempre: dominio absoluto de ambos equipos. Pero no. El Liverpool erraba sus pases y el City se encontraba con la muralla Olsen, que, para ironía del guion, estaba debutando con la camiseta del Aston Villa.

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Hincha del Manchester City sufriendo por su equipo. MATT WEST

Para situaciones difíciles de creer, el 0-2 de Coutinho abría un abanico de pensamientos y titulares para cualquier desenlace. En la transmisión del Liverpool afirmaban que con un gol les bastaba para ser campeones. En la del City, se reafirmaba que seguían dependiendo de ellos mismos para ganar la Premier. No puedo estar en la mente de todo aficionado, pero estoy seguro que los del City no podían imaginarse perder la liga de esta forma ni los del Liverpool que, tras haber llegado el milagro que tanto esperaban, su equipo no fuese capaz de capitalizar sus opciones de ganar el título.

Sin embargo, lo predeciblemente impredecible llegaría: una ráfaga de tres goles en cinco minutos del Manchester City los haría campeones de la Premier. Porque en momentos de adrenalina, tensión y nervios no hay espacios para delicadezas, pero de talento sí, como el de Kevin De Bruyne en la asistencia del definitorio 3-2. Pocos minutos después, como si en la portería de ‘The Kop’ hubiese habido hechizo hasta que el City remontara, entraba el tan esperado 2-1. Salah celebraría eufóricamente hasta que un aficionado les informaría, en pleno festejo, del gol de Gundogan.

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Manchester City alza su octavo título de liga. GOAL

El pitido final llegaría en ambos estadios. El del Etihad fue una fiesta marcada por una invasión de campo que permitiría palpar la tensión liberada por sus aficionados. La cuarta liga en cinco años para un Pep Guardiola que, aunque muchos busquen manchar sus logros en los millones gastados, ha demostrado ser un excelente gestor en todos los niveles. Si no me creen, pregúntenle al PSG en Francia si es tan sencillo como parece.

Al terminar la jornada se impuso la lógica ilógica por gran tramo del domingo 22 de mayo: Manchester City 93 puntos, Liverpool 92 puntos. Los cálculos que todos hicieron al inicio de la fecha, pero que les demostraría que en el fútbol no hay análisis racional que valga.

Felicidades a todos los hinchas del Manchester City. Nos vemos la próxima temporada.

Un minuto para todo

Anfield fue testigo de una nueva goleada del Liverpool al Manchester United

Anfield tiene vida propia: empuja cuando se ha de remontar una eliminatoria, le gusta la fiesta y es agradecido con aquellos que dejan todo por el escudo. De Kenny Dalglish a Luis Suárez, el estadio del Liverpool se ha deshecho en aplausos de manos de obreros a dioses que bajaron al barro. Pero si hay algún ‘7’ al que jamás imaginaron homenajear es a uno del eterno rival Manchester United.

Pero esto sucedería, porque Anfield también es humano y llenaría el séptimo minuto del encuentro con aplausos y canticos del You’ll Never Walk Alone. Cristiano Ronaldo, que perdió recientemente a uno de sus hijos, recibiría el calor de un estadio que, desde lo ocurrido en Hillsborough en 1989, siempre nos recuerda que el fútbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes.

Un minuto duraría el homenaje, para que el estadio de los ‘Reds’ siguiera con furia empujando a los suyos, que ya ganaban con un 1-0 anotado por Luis Díaz. Aquel homenaje al astro portugués haría olvidar, por un minuto, lo dispar que es en la actualidad el Liverpool-United. Si hace una semana se remarcaba el valor de los dos segundos, este encuentro desnudó todas las flaquezas de un Manchester que miraba con resignación cómo cuatro pases de primera intención terminaban en un golazo de Salah.

Simone Inzaghi, a la misma hora, dirigía un Derbi della Madonnina con su Inter. Pero, jugando en competiciones ajenas y con cientos de kilómetros de distancia, unas declaraciones suyas retumbaban en la cabeza de Ralf Rangnick: «El Liverpool es especialista en darte esperanza para luego destrozarlas». El técnico del Manchester United fue osado en la segunda mitad, título de valiente que adquiere porque él mismo se encargó de decirle al mundo entero, antes del partido, que necesitaba a la mayor cantidad de hombres detrás de la pelota para no perder. La entrada de Jadon Sancho por Phil Jones no cambiaría nada.

Cuando parecía que el partido descansaría en un inocente 2-0, por la necesidad de los de Klopp de llegar lo más enteros posible a esta recta final de infarto, Robertson se asociaría con Díaz para que este pusiera en bandeja el tercero a Mané. Un partido redondo del tridente que completaría Salah con su doblete. Con este cuarto gol, el egipcio se convierte en el primer jugador en marcarle cinco a los ‘Red Devils’ en una temporada.

Robertson y Diaz celebran el primer tanto del encuentro. EFE

El tiempo avanzaba y Anfield ovacionó a Fabinho, Thiago y Luis Díaz, premio al trabajo y el talento. Sería injusto quedarse solo con esos tres, porque fue un partido en el que todo el equipo estuvo brillante. La cruz se vio en sus homólogos del United, quienes no estuvieron a la altura del partido. Bruno Fernandes parecía querer decorar su pobre actuación con una tarjeta roja, realizando faltas innecesarias en el ocaso del encuentro.

Al final del partido, Klopp fue preguntado por su opinión sobre el homenaje a Ronaldo: «En la vida hay cosas más importantes que el fútbol», respondió con firmeza. Tras esas declaraciones las luces del estadio descansarían y cada quién se marcharía a su casa con lo innegable. El Liverpool dormía líder provisional de la Premier y el United se alejaba un poco más de la lucha por los puestos Champions. Eso sí, también quedaría claro que, cuando se quiere, hay un minuto para todo.

Cuando la aptitud y la actitud se encuentran

Manchester City y Liverpool nos regalaron el mejor partido de la temporada. Guardiola y Klopp demostraron, de nuevo, por qué son unos genios

Te doy la bienvenida a La Resaca, ese lugar donde se habla de un partido que era mejor verlo con una cerveza en la mano que con un teclado.

Crear cuesta tiempo, crear con sentido aún más. El pasado sábado conocí por primera vez los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina, una experiencia a la que no hay palabras ni imágenes que hagan honor a su dimensión. Siempre fui un friki del arte, no porque conozca mucho, sino porque dejo que una obra penetre en mí y me transforme. Cuando estuve frente al fresco de la Escuela de Atenas un par de lágrimas se escaparon. Cuando miré arriba en la Capilla, sentí como las piernas me temblaban, como si hubiese corrido una maratón.

«El trabajo nos hará libre», decía un filosofo que no voy a citar porque podría extenderme. Pero quiero contradecirlo, no cualquier trabajo y no cualquier trabajador está designado para la tarea de crear. Por eso la Sixtina fue encargada a Miguel Ángel, por eso la Escuela de Atenas fue pedida a Rafael (a Sanzio, no a servidor). Es como si, para hacer algo especial, no bastase solo con esfuerzo o talento, se requiriesen de ambas. El otro día en el Etihad, 22 en el campo y dos en la banda nos lo recordaron durante 90 minutos.

Frescos de la Capilla Sixtina. NATIONAL GEOGRAPHIC

«El fútbol llevado a otra dimensión«, afirmaba el comentarista de ESPN, David Faitelson tras ver el Manchester City-Liverpool correspondiente a la jornada 32 de la Premier League. Opinión que veía repetida en redes sociales de otros periodistas. Aquel encuentro fue una oda al fútbol que solo disfrutaron, al menos en vivo, los espectadores neutrales. Sufrí desde el minuto uno, sobra decirlo, pero la agonía de ver cada ataque del City fue diferente esta vez: sentía angustia, pero era capaz de admirar en tiempo real el trabajo de máquinas disfrazadas de humanos.

Este empate fue tan extraño, empezando por su mismo resultado. El City fue su mejor versión en mucho tiempo (se los digo yo, que sabe bien que es ver cómo te arrebatan tus sueños), fue capaz de pasar por encima del mejor Liverpool de Klopp que se recuerda. A lo mejor por eso fue un 2-2, y no otra goleada. Los ‘Reds’ se hicieron fuertes en sus errores y en los del rival, así mantuvieron viva la lucha por el título, por ahora.

Fue el partido de los dos segundos. Eso es lo máximo que duraba un balón en cualquier sector transitado de la cancha Citizen. Pero para los veintidós futbolistas eso era mucho tiempo. La relatividad. Dos segundos fue lo que tardó Bernardo Silva en asistir a De Bruyne en el 1-0 con un pase rápido, dos segundos fue lo que necesitó Salah para controlar, levantar la cabeza y asistir a Mané para el 2-2. Ese es el tiempo que separaba el acierto del error en una presión, en un pase. Lo más gracioso es que a los muy cabrones pareciese que no les afectara el correr del reloj ni la presión.

Remate del 1-0 de Kevin De Bruyne. EUROSPORT

Por ello sorprenden los gestos tan humanos cuando el árbitro quiso bajar el telón de la obra: un abrazo entre Pep y Klopp, una charla entre De Bruyne y van Dijk. Recordamos que eran humanos, pero que tienen un talento y una voluntad especial. Porque este empate fue el mejor partido de lo que va de temporada no exactamente por el acierto, sino por ser capaces de provocar errores impropios en cada equipo.

Los cuatro goles tienen errores: el 1-0, una desconcentración en un saque rápido; el 1-1, nace luego de un mal despeje de un centro; el 2-1, de un fuera de juego mal tirado; y el 2-2 en el espacio de una espalda. Tuve que ver el partido en diferido (primera vez que lo hago) para darme cuenta que la belleza de este encuentro reside en los errores humanos, no en los aciertos. Tal vez a la gente le pareció espectacular ver a estos aliens fallar por primera vez.

Humana es la belleza y el fallo también. Miguel Ángel plasmó en su obra en la Capilla ligeras representaciones que denotaban su falta de autoestima frente a su trabajo y otros artistas. Ojalá hubiese visto este partido, para así darse cuenta que el error también es una oportunidad para hacer arte. La fibra se toca cuando con actitud te sobrepones a situaciones adversas, cuando usas tu aptitud para la transformación de lo feo a lo bello, del mal al bien, de la oscuridad a la luz.

Cuando la actitud y la aptitud se encuentran, somos capaces de olvidarnos de todo. Cuando estas dos se juntan, ocurre el nacimiento del arte.

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